Emancipando al conocimiento.

Historias de una sentipensante y proletaria del conocimiento y su andar mayéutico por la senda de la escritura

Tag: Conocimiento Libre

Discurso sobre el colonialismo

“Habría que estudiar primero cómo trabaja la colonizaión para descivilizar al colonizador, para embrutecerlo, en el sentido exacto e la palabra para degradarlo, para despertarlo a sus escondidos institintos, a la codicia, a la violencia, al odio racial, al relativismo moral, y demostrar que, cada vez que en Vietnam cortan una cabeza o sacan un ojo y en Francia se acepta, violan a una muchacha y en Francia se acepta, sacrifican a un malgache y en Francia se acepta, un logro de la civlización pende con peso muerto, una regresión universal se opera, una gangrena se instala, un foco de infección se extiende, y al final de todos esos tratados violados, de todas esas mentiras propagadas de todas esas expediciones punitivas toleradas, de todos esos prisioneros atados e “interrogados”, de todos esos patriotas torturados, al final de ese orgullo racial enardecido, al final de esa jactancia desplegada, está el veneno inoculado en las venas de Europa, y el progreso lento, pero seguro, de la salvajizacion del continente”

Aimé Césaire (2015) “Discurso sobre el Colonialismo (1955)”. en No aculturados. El Perro y la Rana: Caracas

El lenguaje: instrumento de construcción del mundo

Hay idiomas en otras comunidades indígenas que incluyen en su propia construcción gramatical al sujeto del conocimiento (indicando si lo que alguien afirma lo sabe por experiencia propia y directa, o si lo sabe por información de alguien que tuvo experiencia directa de los hechos narrados): en esos idiomas sólo es pensable, entonces, afirmar cosas que fueron vividas o por uno mismo o por alguien que uno conoce personalmente. Yo llamo a estas lenguas “idiomas responsables”, porque en ellas siempre está claro cómo se sabe lo que se sabe … a diferencia de nuestras lenguas modernas que yo calificaría de “irresponsables” en las que uno puede llegar a afirmar que “Dios existe” o que “los economistas saben cuál es la salida” sin tomarse la molestia de informar cómo llegó uno a saber cosas tan importantes.

Maduro, O. (2004) Mapas para la fiesta (relexiones latinoamericanas sobre la crisis y el conocimiento) Fundación Centro Gumilla: Caracas pp 89

Ligia: matrona de nacientes

IMG_20150321_114206_peqLigia sería, en palabras de Jacqueline Clarac, una piedra del páramo merideño.

Supe de ella hace años por un trabajo anterior donde yo gestionaba proyectos de ciencia y tecnología en una institución pública del Estado, y ella trabajaba junto con algunas de mis compañeras de oficina.

Pero apenas hace unos días, la vida me regaló la oportunidad de ver, a esa hermosa piedra, florecer en vitalidad y sabiduría ante mis ojos.

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Trazabilidad del conocimiento

Leí hace agun tiempo que, en el camino hacia la cultura libre, requeríamos de la muerte del autor. En el artículo, los/-as cultores/-as de Sursiendo nos hablan del endiosamiento de quien se abroga la autoría de algo y su negación al hecho, prácticamente irrefutable, de que la cultura es hija de la remezcla e interpretación.

Sin pretender defender ese endiosamiento del/-la autor/-a, debo confesar mi casi absoluto convencimiento de que si bien es cierto que no somos dueños/-as de lo que pensamos como un producto genuinamente único y de nuestra propiedad, el reconocimiento de aquellos/-as de quienes hemos bebido (y a veces regurgitado también, por qué no) conceptos e ideas, es absolutamente necesario.

Para mi cada día es más evidente que el reconocimiento explícito del origen de los términos que usamos porque los hayamos bebido de otros/-as permite su trazabilidad y, sobre todo, habla de nuestra honestidad intelectual.

No pretendo esgrimir aquí argumentos morales, apenas decir que, en medio de esa evidente y notoria remezcla de la que somos objeto y también sujeto, es evidentemente necesario, reconocer cada uno de los pliegues de los cuales se configura aquello que vamos siendo, intelectual y socialmente.

Lo simple y lo complejo

Me gustaría contar una historia que creo es una explicación probable al modo en el cual el conocimiento fue complejizado, compartimentado y enajenado progresivamente de su original propietario: el ser humano. La relataré, sabiendo que faltan infinidad de detalles, incluidas referencias, pero me conformo en confiar en el lector y su confianza en mi relato y en advertirle que no está acabada la historia y no es objetiva, al menos no del modo como suele reclamársele que sean los escritos a quienes hablan de ciencia.

Cuentan que desde que el ser humano comenzó a organizarse emergió el control como problema para el logro de la articulación de grupos en torno a fines específicos.

Mientras las tareas fueron sencillas y los grupos pequeños, dicen, el tema del control podía solucionarse dirimiendo disputas por uso de la fuerza entre pares. Por su parte, estrategias como la negociación, el debate y la generación de consensos, fueron utilizadas por grupos humanos mucho tiempo después, es decir, en la medida en que esos grupos se diversificaban en número, composición, dispersión geográfica, expectativas y aspiraciones. En ese contexto, el control y su ejercicio debieron diversificarse también de modo sustancial, provocando la emergencia de dos grupos claramente diferenciados: dominantes y subyugados.

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