Desde hace algunos días, he iniciado una suerte de sprint para terminar de ajustar la redacción del libro. Con una fecha de cierre cercana, no queda otra opción que echar el resto.

Confieso que lo más complicado ha sido sacar el tiempo para hacerlo. Disfruto escribiendo en silencio y eso supone aprovechar las madrugadas que recientemente han sido particularmente frías en una casa excelentemente pensada para conservar la frescura.

Algunas de esas madrugadas han sido de reconfortante escritura con dos suéteres, doble media, pantalones abrigados y un buen café sin azúcar para ayudar a conservar el calor y, afortunadamente, el hecho de escribir ha ayudado a conservar el ánimo de hacerlo.

Creo, por tanto, que es momento ahora para pensar un poco sobre las herramientas de tecnología que he venido utilizando, en especial en el último año largo, para registrar todo el diseño del libro. Incluyo aquí un extracto de las notas finales del libro.

Aunque pueda parecer algo de carpintería y de importancia menor, lo muestro porque considero que no sólo ha sido parte de mi aprendizaje, sino que puede ser de utilidad para alguien que, como yo, emprenda una tarea similar de escritura en varios tiempos.
Pese a que, como tutora, me he encontrado en dos ocasiones con personas que gustan de escribir a mano y luego transcribir lo que redactan, con mucha más frecuencia me encuentro con personas que utilizan computadoras o tabletas como su principal instrumento de escritura de documentos. Sin embargo, cuando comenzamos a escribir algo, hablo desde mi experiencia, y aunque cada quien tiene su propia manera de llamar, atraer y retener la inspiración, lo cierto es que no siempre ésta nos ocurre cuando tenemos a mano las herramientas para escribir., o nos ocurre que modificamos el texto que vamos escribiendo una y otra vez, pero no sabemos exactamente en cual documento digital está recogida la última versión de lo que hemos escrito. La siguiente caricatura de Albert Montt(http://dosisdiarias.com) ilustra lo que conocemos bien sobre el típico manejo de versiones por parte de quienes escribimos pero no sabemos de organizarnos.
Fuente: Montt (2012)
Finalmente, a veces sucede que trabajamos desde varios lugares sobre el texto que estamos escribiendo y nos lo enviamos por correo o grabamos en una unidad extraíble las innumerables versiones del documento y sus respaldos. Yo no he estado exenta de padecer estos problemas y por ello, además de querer hacer este libro, he querido aprovechar herramientas de escritura de texto y de control de versiones más propias del desarrollo y documentación de software, puesto que, realmente, las considero con un papel determinante en la ardua tarea de enfocar las sesiones de escritura y de aliviar la tarea de seguimiento de los cambios realizados.

En primer término, confieso que trabajo en ambiente Linux. No es algo heroico, es una convicción vital que como activista busco llevar a sus últimos términos. En esos términos, en lugar de utilizar un procesador de textos tradicional de software libre, me decidí a utilizar Lyx (http://lyx.org).

Esta es una herramienta que me permite dos cosas deseables para mi en un documento de este tenor: primero, tener una maquetación diferente del libro resultante y en segundo lugar, enfocarme en escribir en lugar de estar combatiendo los problemas típicos de una edición de texto improvisada como por ejemplo quitar numeración en la primera página, cambiar numeraciones entre páginas introductorias y de contenido o insertar las secciones en donde deben ir. Sin embargo, el camino del uso de Lyx no ha sido fácil. Ya tenemos más de un año de andadura juntos y, aunque ambos hemos pasado varias veces por terapia, ya creo que envejeceré con él. A mi me sirve perfectamente para lo que quiero hacer que es escribir con un formato depurado y bonito sin mucha complicación.

La tarea de manejar e introducir la bibliografía en un formato que me guste, sin embargo, ha sido una tarea que ha demandado un proceso de desaprendizaje y reaprendizaje que intentaré explicar a continuación. Aunque desde hace ya varios años utilizo a nivel muy básico herramientas como Calibre (http://calibre.org) que es un gestor de bibliotecas y documentos digitales, y Mendeley (http://mendeley.com) que no es libre aunque tiene una versión abierta para linux, confieso que nunca he tenido el hábito de armar la bibliografía de forma metódica, registrando las referencias con todos sus componentes apenas localizo la información requerida. De modo que, al trabajar con Lyx, he debido reprogramar este (mal) hábito de dejar para el final el registro de las referencias y, sinceramente, ha sido un trabajo aún inconcluso y casi tan laborioso como la escritura misma del libro, amén de que ha sido mucho menos ameno.

En segundo lugar, para asegurarme de no tener muchos archivos con la última versión revisada del documento, decidí apoyarme en un servicio de manejo de versiones de repositorios llamado Gitlab (http://gitlab.com). Aunque no es frecuente que se utilice esta herramienta para control de versiones de documentos de texto, decidí que sería una buena ocasión para aprender el manejo de control de versiones y, además, garantizar que escriba desde donde escriba, podré tener acceso a la última versión del documento. Con Gitlab cada vez que se ha realizado una modificación en el documento del libro, he señalado los cambios realizados y lo he actualizado en el repositorio privado que creé para ello.

Finalmente, he intentado llevar un diario, aunque bastante inconsecuente, de mi portafolio y del curso del libro, a través de un blog (http://www.libreconocimiento.org.ve), disponible desde una instalación propia de WordPress (http://wordpress.org). Allí he colocado mi portafolio personal, preparado en el marco de los estudios doctorales. Allí también he colocado algunas cosas que iban nutriendo, desde la periferia, este documento y su sentido como citas y artículos sueltos.

Una última herramienta me ha mantenido escribiendo. Conocí 750words (http://750words.com) hace unos seis años, aunque a ratos me ha mantenido escribiendo de continuo, a comienzos de este año asumí como reto, la escritura diaria de 750 palabras. No siempre las he podido completar en un único día, y no siempre han tenido que ver con este libro, pero el recordatorio diario de que he sido constante, al menos en las últimas semanas de trabajo, me ha mantenido y ayudado a avanzar en la generación del hábito.

Este libro no es un texto sobre herramientas de software para quien escribe, cosa que bien podría ocupar un extenso libro distinto a éste, pero éstas páginas sirven para exponer aquellas herramientas que han sido una decisión pertinente y meditada a lo largo de su realización. Algunas decisiones sobre las herramientas han condicionado, incluso, meta aprendizajes sobre la escritura y la investigación, otras han permitido ganar confianza y soltura en los tiempos de más demanda en dedicación al texto. En todo caso, queda por escrito mi “fórmula” esperando que a alguien pueda ser de utilidad reutilizarla y mejorar la combinación.