Agruparnos en torno a colectivos de individuos con comunión de intereses, pujando por cambios estructurales, nos hace girar en torno a otra lógica distinta a la tradicional tecnocrática.

Desde ese plano distinto al de la lógica burocrática tradicional de las instituciones públicas, debemos asumir que quizás, no deberíamos insistir que, como primera opción para ese cambio requerimos el apoyo de las instituciones públicas y privadas, desde ellas y con su apoyo.

Organizacionalmente hablando, considero un suicido del colectivo que opera en torno a intereses también colectivos, insistir en el apoyo institucional como única vía para su logro. Sin embargo, esa creencia es uno de los sinsentidos de mayor propagación viral que logro ver por estos días: creo que todo intento de cambio a la lógica institucional estatal establecida, que opere desde fuera de esa lógia parece tener un nivel de posibilidad de ocurrencia inversamente proporcional a la sumatoria de la longevidad de la institución y el tiempo de antigüedad de su personal.

Lo cual lo traduzco de la evidencia empirica de que ninguna institución atenta de modo consciente contra la subsistencia de su propia lógica y, por tanto, todo cambio que afecte y subvierta de algún modo su propia lógica de subsistencia per se, está condenado al fracaso.