Emancipando al conocimiento.

Historias de una sentipensante y proletaria del conocimiento y su andar mayéutico por la senda de la escritura

Category: Vivencias

De la idea al libro.

Desde hace más de un año he estado escribiendo el libro con el que debería cerrarse formalmente el ciclo de formación en el Doctorado a través del Programa de Estudios Abiertos.

El próximo 28 de febrero, en pleno carnaval, presentaré también formalmente, el documento y las vivencias del camino que me ha conducido hasta él.

Si quieren, pueden revisarlo desde este enlace

¡Piensa para vivir, actúa para hackear!
Cada día, una acción procomún a la vez.

 

¿Quién le teme al PROEA?

Artículo originalmente publicado en Aporrea el 22 de febrero del 2016

 

La educación formal o al menos, lo que conocemos de ella y que nos la dibuja como el único medio para la obtención de un fin necesario (el título), está configurada sobre un modelo de aprendizaje que garantiza la permanencia de prácticas, hábitos y visiones de mundo hegemónicos en buena parte de las sociedades contemporáneas, y condicionan desde la inserción laboral de los individuos hasta sus relaciones interpersonales.

La educación formal, sus mecanismos e instrumentos de aprendizaje, sus pedagogías y sus fundamentos metodológicos se aplican como receta para el logro educativo, pese a las diferencias y particularidades de los distintos grupos a los que atiende, ignorando necesidades y características propias de éstos. Lo que conocemos de la educación formal: la masificación, la evaluación por demostración, la homogenización y la invisibilización de las diferencias, la implantación por vía de hegemonía no cuestionada de “verdades irrefutables de la vida”, la negación de la otredad y la divergencia y, finalmente, la normalización, en suma, de nuestros modos de aprender, socializar y habitar en sociedad, son componentes aceptados como “buenos” socialmente y vienen, incluso, reforzados desde las maneras en que se interactúa en familia, hasta las formas en que una persona se percibe a si mismo en un proyecto individual o colectivo. El devenir de la construcción social ha hecho que una parte importante de la sociedad valore positivamente y casi sin cuestionamientos a esta forma de educación, ignorando que sus factores más resaltantes son al mismo tiempo, el envés de su impacto en la sociedad, por la vía de la insuficiencia para responder a una sociedad diversa, variopinta, matizada y compleja. Cualquier persona que falle en los logros que este modo de comprender los procesos de aprendizaje ha impuesto, lleva sobre si, casi de modo irrebatible desde la razón dominante, el estigma del fracaso, la falta de esfuerzo y la desatención.

Desde la educación popular hasta las experiencias de educación y pedagogías alternativas, varias han sido las iniciativas de grupos y colectivos para contrarrestar una suerte de accionar de resistencia frente a la “normalización” de la educación formal. En nuestro país la experiencia es variopinta aunque, pocas han logrado engancharse tanto en el sentir de grupos de trabajadores y trabajadoras, profesionalizados/as o no, como la posibilidad de conjugar procesos de aprendizaje desde su experiencia vital y su quehacer laboral.

El Programa de Estudios Abiertos (PROEA), liderado en este momento desde la Universidad Politécnica Territorial Kléber Ramírez en Mérida, pero con réplicas tutoreadas a lo largo de todo el territorio nacional, construye alternativas para el reconocimiento de saberes adquiridos en la experiencia de vida, y también habilita la formalización de este reconocimiento en el contexto universitario. Queda claro que este planteamiento interpela de modo directo a las insuficiencias de la educación formal. Este programa, que busca identificar desde la práctica cotidiana todos saberes habilitados en lo individual y hacia lo colectivo, supone un proceso profundo de descolonización y emancipación del ser, al reivindicar que como individuo y colectivo nuestro devenir histórico manifiesto en intereses, búsquedas personales y profesionales y destrezas, se cifra en el (re)conocimiento de los saberes que hemos aprendido en espacios no formales y no aceptados de aprendizaje y formación.

El quehacer del PROEA ha permitido revelar un conjunto de razones, otrora invisibilizadas y naturalizadas, en primer término de la desescolarización, la limitada profesionalización entre personas extraordinariamente hábiles y sabias; y en segundo término, de lo que pueden suponer causas radicales de las insuficiencias de la educación formal y el impacto de estas insuficiencias en el devenir productivo de nuestra sociedad. Este programa supone, pues, un verdadero desafío a la racionalidad instrumental del quehacer pedagógico aceptado como “bueno” por quienes silencian sus preguntas ante el fracaso de muchos en la educación formal. Y este desafío a la racionalidad instrumental no cuestiona sólo las relaciones entre docentes y estudiantes en el marco de los espacios formales de aprendizaje, sino también desafía, aún sin proponérselo, la comprensión que sobre los procesos educativos y de formación, se hace desde las instituciones que los habilitan.

Hace unos días tuve el privilegio de asistir como testigo a una presentación de portafolios de integrantes de distintas comunidades de aprendizaje. En la presentación a la que asistí, observé razones familiares ancladas en ideas fuerza equivocadas sobre la necesaria “normalización” de la rebeldía, la diversidad funcional, y el ímpetu o la fuerza con que se cuestionan algunas formas de aprendizaje institucionalizadas en las escuelas, por ejemplo; o también amparadas en carencias financieras que, lamentablemente aún hoy, justifican el retraso en el aprendizaje individual.

Escuchar las autobiografías allí presentadas de boca de sus propios protagonistas sirvió para que se me revelaran, casi de modo efervescente, preguntas sobre las razones radicales por las cuales aún frente a los avances en la masificación de la educación gratuita a escala nacional, persisten fallas en la profesionalización y reconocimiento formal de saberes. Casi de modo instintivo me respondí a una pregunta no hecha: quienes temen al PROEA emergen desde espacios donde sienten una amenaza clara a la subsistencia institucional de un modo de formar. Recordé que en el año 1933, Walt Disney popularizó en Estados Unidos una tonadilla con una simple letra que animaba a tres cerditos a enfrentar a un feroz lobo que quería darles caza destrozando lo que consiguiera a su paso, incluso si era una casa. Con la frase “¿Quién teme a un lobo feroz?” que al son de un baile improvisado cantaban entre si los tres hermanos cerditos para animarse y acompañarse, se instaló en la simbología popular una versión revisada del clásico David contra Goliath.

Muchas de las preguntas que emergieron aún son un murmullo para mi y otras están en latencia. Pero una respuesta se me enrostra de modo fuerte y claro: el impacto en la generación de procesos de descolonización y de emancipación de individuos y colectivos, son suficientes razones para temer al PROEA. Estas razones se anclan en lo institucional, lo formal, lo que ha sido normalizado. Pero desde el PROEA, definitivamente, hay cientos, miles de razones evidentes para no temer enfrentar de modo claro y decidido esos miedos que ante la incertidumbre subsisten en cualquier espacio hegemónico, institucional y formal que defienda su subsistencia.

Por una Malla Curricular

Por lo que he visto, la apertura a las formas dentro de los procesos de aprendizaje plantea, en especial en estudiantes adultos/as, un temor latente acerca de estarlo haciendo del modo correcto o no.

El temor a equivocarse emerge de su latencia cuando somos expuestos/as al otro/a en nuestro modo de pensar, creer, y percibir el mundo. De ese modo nos proyectamos siempre, sin embargo, el quedar abiertos a nuestros/as compañeros/as de aventura en el Programa de Estudios Abiertos (PROEA), desde la construcción de la autobiografía, resulta en ocasiones un acto de desnudez muy arriesgado para quienes han estado conformes con la coordinación de las actividades formativas por parte de las instituciones.

Si el acto de construir la autobiografía es un acto singular de valentía, cuyas consecuencias y repercusiones en la proyección desde el conocer hasta el ser, la articulación de una Malla Curricular, es el epítome de la autonomía de aprendizaje, pues debe dar respuesta conforme a esa autobiografía y a la proyección de cómo se quiere transitar la ruta hasta el cierre de ciclo.

Como todo acto de autonomía, encierra una rebeldía evidente ante lo formalmente aceptado y tolerado, representado en este relato en los estudios formales de pre y post grado, y requiere también de un reconocimiento y aceptación de lo que nos es propio e inherente a cada cual.

Si en la autobiografía nos desnudamos para mostrarnos a quienes nos acompañan en la comunidad de aprendizaje, la construcción de la Malla Curricular es como ir de compras y buscar qué queremos vestir. Parte de lo que vestiremos es, en buena medida, lo que hemos venido siendo, nuestro devenir como seres en formación permanente. Usaremos a partir de allí, algunas indumentarias que sacaremos de nuestros escaparates personales donde, seguramente, yacen muchos conocimientos de matemáticas que se anclaron en nostros durante las interminables jornadas de hacer hallacas en familia, o de visitar, sembrar y cosechar el campo, para quienes hayan tenido esa fortuna, junto a saberes intrínsecos de manejo de incertidumbre y relaciones grupales atesorados luego de años de gestiones administrativas diversas o compras en mercados a cielo abierto.

Todo lo que somos y hemos sido, puede entrar en la Malla Curricular.

Lo interesante es que, mientras como participantes del PROEA, postergamos su construcción hasta estar “listos/as”, en el fondo me convenzo que la Malla Curricular (a la que tanto tememos también), es apenas un tamiz que resulta insuficiente para dar cuenta de todo lo que hemos sido.

Entonces, sin pretender que la que he venido armando para mi es la mejor, luego de armarla y de ver su insuficiencia como único instrumento para describir lo que quiero que me nombre en adelante, debo decir que me siento como cuando de niña temía a figuras enormes de mostruos con armas que se dibujaban frente a mi cama en noches de fiebre alta por amigdalitis.

No eran monstruos, eran apenas sombras que la cortina dibujaba.

La Malla Curricular, creo, es un instrumento. Como parte del andamiaje del PROEA, siempre es mejor tenerlo que no tenerlo. Como parte del proceso de formación de un ser que adquiere una suerte de autonomía pedagógica, pues se hace dueño y copartícipe central de su proceso de aprendizaje, no es un instrumento cualquiera. Es un instrumento que revela desde el comienzo la intencionalidad que lleva: trazar en un dibujo formal lo que se ha sido y facilitar la autoidentificación de espacios donde nuevos procesos de aprendizaje tengan lugar.

La ética del consumo (sobre el Capitalismo Cognitivo Cultural)

Argumentos de Slavoj Zizek desarrollando su teoría sobre la “Cofee Ethics”

Ligia: matrona de nacientes

IMG_20150321_114206_peqLigia sería, en palabras de Jacqueline Clarac, una piedra del páramo merideño.

Supe de ella hace años por un trabajo anterior donde yo gestionaba proyectos de ciencia y tecnología en una institución pública del Estado, y ella trabajaba junto con algunas de mis compañeras de oficina.

Pero apenas hace unos días, la vida me regaló la oportunidad de ver, a esa hermosa piedra, florecer en vitalidad y sabiduría ante mis ojos.

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Lo simple y lo complejo

Me gustaría contar una historia que creo es una explicación probable al modo en el cual el conocimiento fue complejizado, compartimentado y enajenado progresivamente de su original propietario: el ser humano. La relataré, sabiendo que faltan infinidad de detalles, incluidas referencias, pero me conformo en confiar en el lector y su confianza en mi relato y en advertirle que no está acabada la historia y no es objetiva, al menos no del modo como suele reclamársele que sean los escritos a quienes hablan de ciencia.

Cuentan que desde que el ser humano comenzó a organizarse emergió el control como problema para el logro de la articulación de grupos en torno a fines específicos.

Mientras las tareas fueron sencillas y los grupos pequeños, dicen, el tema del control podía solucionarse dirimiendo disputas por uso de la fuerza entre pares. Por su parte, estrategias como la negociación, el debate y la generación de consensos, fueron utilizadas por grupos humanos mucho tiempo después, es decir, en la medida en que esos grupos se diversificaban en número, composición, dispersión geográfica, expectativas y aspiraciones. En ese contexto, el control y su ejercicio debieron diversificarse también de modo sustancial, provocando la emergencia de dos grupos claramente diferenciados: dominantes y subyugados.

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Atalayas y visiones

Debo confesar que logro ver con más tino cuál es la comprensión de algunos activistas sobre cosas como libertad, tecnologías libres y demás, y cuál es el esquema de valores sobre el que eso se sustenta. Sin personalismos y sin pasiones también. Ahora bien, con respecto a este hilo, por si a alguien le quedaba alguna duda, cosas que se han leido en las respuestas lo dejan bastante más claro, al menos para mi.

Veo a quienes siguen insistiendo que su comprensión de libertad les faculta para no aceptar, negar e incluso menospreciar la de los demás y pretenden, desde esa atalaya venir a sentar cátedra sobre lo que está permitido y lo que no en un FLISOL. Queremos un Flisol sólo técnico dicen … claro, taylorismo puro … no cuestiones la máquina, apenas aprende y sé maestro en su manejo. Por cierto, me causa mucha sorpresa que algunxs insistan en hablar de “libre” con respecto al código negando la condición de hecho político a la tecnología y pretendiendo que ese concepto de “libre” no es político.

No injerencia, piden (sabrán qué significa??), y luego otros insultan respaldando esta posición … Charming .. sin duda … Nivel técnico, académico y ciudadano.. desbordante… ejemplarizante…

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Re-Conocernos

Lo primero que el ser humano experimenta (y lo que más rápido olvida también) es el ejercicio de su propio re-conocimiento.

De bebé nos divertíamos saboreándonos cada parte de nuestro cuerpo … de mayores muchos sólo sabemos criticarnos y reclamarnos por su apariencia. Unos comienzan por escribir mamá o papá y otros lo que les rodea.

Nuestra hija mayor tuvo por primera frase “bola de pelo” que describía a su pequeño perro Moro y ella en un afán por demostrar cuánto sabía no articulaba palabras sueltas, sino una frase completa!!.

Nuestro segundo hijo comenzó a leer antes que escribir y sus primeros reconocimientos fueron “Mario” “luigi” … en la wikipedia!

La pequeña Abril la bateó de homerun: su primer reconocimiento es a sí misma: “Abril” es la primera palabra que aprendió a leer y a escribir de forma simultánea.

Hay una foto del día en que ocurrió.

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