Emancipando al conocimiento.

Historias de una sentipensante y proletaria del conocimiento y su andar mayéutico por la senda de la escritura

Category: Conocimiento Libre

De la idea al libro.

Desde hace más de un año he estado escribiendo el libro con el que debería cerrarse formalmente el ciclo de formación en el Doctorado a través del Programa de Estudios Abiertos.

El próximo 28 de febrero, en pleno carnaval, presentaré también formalmente, el documento y las vivencias del camino que me ha conducido hasta él.

Si quieren, pueden revisarlo desde este enlace

¡Piensa para vivir, actúa para hackear!
Cada día, una acción procomún a la vez.

 

En el marco del Motor de Telecomunicaciones e Informática.

El pasado viernes 8 de julio, participé en una actividad del Motor de Telecomunicaciones e Informática, realizada en el auditorio de CANTV en Caracas.

El propósito de esta actividad fue evidenciar algunos avances en acuerdos y tareas organizadas desde la coordinación del motor en el marco de la Agenda Económica Bolivariana.

Debo decir que con los compañeros y compañeras que he compartido expectativas y percepciones sobre el modo en que se ha perfilado el trabajo realizado, hay bastante coincidencia acerca de la realidad evidente: una marcada pauta establecida por las empresas privadas y pública de telecomunicaciones del país en aras de atender necesidades inmediatas, y una tarea aún por hacer en torno a cómo hacer que las telecomunicaciones apalanquen al sector de tecnologías libres en nuestro país.

A continuación transcribo mi participación:

Quisiera comenzar por recordar a dos grandes y decir en palabras de Eugenio Montejo que, por culpa de Chávez “el mundo se giró nuevamente para juntarnos de nuevo en este sueño”, este sueño que, de alguna manera debo decir, reúne a comunidades de software libre con el ministro Arreaza en una segunda oportunidad en un tiempo bastante corto.

Creo que debemos destacar lo que para nosotros y nosotras como activistas y accionantes del quehacer de tecnologías libres, es también es importante y es la existencia de este motor. Un motor de telecomunicaciones pero también es un motor de tecnologías de la información y la comunicación. Resulta determinante destacar esto porque es una muestra indiscutible de la decisión y la política gubernamental de apoyar e impulsar las tecnologías de información libres (TIL) como ese espacio dentro del Motor de Telecomunicaciones e Informática que puede hacerse efectivamente productivo en el cortísimo plazo y, además, de muchas formas.

En segundo lugar, debo decir que para mi es una enorme responsabilidad poder participar acá como vocera de una comunidad que durante más de quince años ha dado respuestas, como bien adelantaba el Ministro Arreaza. Respuestas muy concretas, nada más basta decir algunas de las cifras que se mencionaban antes: casi cinco millones de Canaimitas, casi cinco millones de potenciales desarrolladores y desarrolladoras de software libre que estarán haciéndolo en un abrir y cerrar de ojos. Casi cinco millones de personas que, como bien decía la presidenta de Movilnet hace unos minutos, necesitan contenidos: no podemos ser consumidores de contenidos debemos ser generadores de contenidos. Y allí hay un espacio clave donde las TIL pueden dar respuesta en el cortísimo plazo.

Pero creo que antes de avanzar, debemos recordar a Chávez. Chávez, y pido disculpas por tratarlo con tanta familiaridad, pero creo que hubo un giro excepcional del universo que nos permitió vivirlo. Y nos permitió vivir a Chávez como el hombre que a nivel regional tuvo LA visión de TIL y avanzó sin cesar en un marco legal que hiciera posible que no solamente el Estado dejara de invertir cuantiosos recursos en el pago de licencias de software, sino que también se desarrollara un sector a nivel nacional que pudiera, además, democratizar la producción en esta área. Y creo que es importante recordar, sólo por citar un ejemplo de algunas cosas que la derecha olvidó, que nuestro país fue pionero en algo que se llama “wiki-legislación”. Los procesos de consulta pública de un número importante de leyes a nivel nacional hasta el año pasado, se hicieron a través de herramientas libres, que permitían la participación y la deliberación que es una de las bases fundamentales de cualquier sistema democrático, de manera asíncrona y a nivel nacional.

En estos años, las tecnologías libres han dado resultados concretos. Han sido el escenario de resultados tangibles que han apoyado soluciones tangibles a problemas cotidianos, y quizás allí reside una de las principales ventajas y potencialidades de apoyar de una manera directa, concreta y específica, con “acupuntura” pienso yo que podría decir el Presidente, al sector de TIL. Las Canaimitas no operan solas, operan con un software que ha sido creado en nuestro pais. Pero además, nuestros equipos de escritorio producidos por la empresa VIT, operan con un Sistema Operativo también desarrollado en el país, hay empresas públicas que en este momento trabajan con sistemas de gestión administrativa que han sido desarrollados bajo criterios de software libre, adaptados y contextualizados a nuestra normativa legal vigente. Y esto, que digo rápido, no es fácil de hacer para un sector que teniendo todo el marco legal constituido, ha quedado en deuda con un impulso determinante por parte de empresa privada y empresa pública.

Hoy en día nos encontramos con una realidad concreta que es ineludible. No solamente la guerra económica, el ciclo económico mismo propio de nuestro país como monoproductor fundamentalmente de petróleo, hace que debamos administrar recursos escasos. En un contexto de la administración de recursos escasos, también la tecnología libre tiene mucho que decir.

La ciencia y la tecnología son herramientas concretas para quienes desarrollamos y socializamos las tecnologías de información libres. La investigación es un hecho cotidiano. No necesitamos realizar un paper. Estamos revisando en todo momento, cómo podemos adaptar tecnologías y soluciones ya establecidas, a nuestros contextos, nuestras realidades y nuestros problemas. Las TIL ayudan en la solución de cosas tan simples y ayudan no porque sea un deseo, sino porque efectivamente es así ya, como la gestión de una denuncia: el Ministerio Público es ejemplo de ello. Pero, además, debemos recordar un ejemplo tangible, explícito y muy claro de una realidad muy similar a la nuestra, ocurrida hace 44 años. Año 1972, el Chile de Allende. No se nos escape el contexto de guerra económica en el que estaba envuelto. No hablábamos de software libre, sin embargo, un sistema de gestión organizacional llamado Cybersin fue el que pudo dar respuesta a una huelga de 40mil transportistas que evitaba que los alimentos fueran distribuidos en Santiago de Chile. Gracias al Cybersin repito, no era el software libre manejado con las tecnologías, la plataforma y la metodología que contamos hoy en día, se posibilitó organizar la distribución de alimentos con sólo 200 camiones. ¿Nos suenan los CLAP? ¿Nos suena la guerra económica?.
Las TIl son ese espacio en el que soluciones a cosas tan determinantes y cotidianas como esas, pueden ocurrir. Era 1972 y eran 12 años antes de que comenzáramos a hablar de software libre a nivel mundial, pero era software libre contextualizado al servicio de la sociedad.

Hoy día la gestión del Estado venezolano, debe enmarcarse en una política, me permito decirlo, agresiva, de liberación de datos y de datos abiertos. No hablamos de vulnerar el derecho al secreto estadístico, hablamos simplemente de datos para la planificación. Si algo es socialismo es economía planificada y si a algo puede responder el software libre es a las necesidades que plantea la economía planificada. Si algo nos reúne en torno a estos motores es planificar nuestra economía.

Un ejemplo nos ayuda a darnos cuenta del potencial y el valor del impulso de un sector como el de tecnologías de la información. Es del contexto regional. El 40% de las exportaciones de un país con la población equivalente a la Gran Caracas como Uruguay, proviene de exportación de tecnologías de la información. Eso no es poco. Esa exportación y ese volumen de exportaciones se sustenta en el uso de las telecomunicaciones como la plataforma de servicio, sobre la cual las tecnologías de información libre pueden ocurrir.

Pero, además, si esto les parece poco y no les he convencido hasta aquí, digamos que las tecnologías de información libres plantean un modelo de negocio distinto. No es que somos “cuerpos gloriosos” que no comemos. Comemos, tenemos hijos, tenemos casas y tenemos deudas que pagar. Pero el modelo de negocio es distinto, mucho más solidario y más humano y hace posible reivindicar que el conocimiento es genuinamente libre. ¿Escucharon a Chávez en la inauguración de CENDITEL? “El conocimiento es libre como el aire y como el viento”, así es el conocimiento.

Grandes retos tenemos en este momento y desde la comunidad de software libre y de tecnologías libres, hemos entendido  que es el momento de emprender tareas en conjunto con empresas privadas y con el Estado, como siempre hemos estado en disposición de hacerlo. Es el momento de fortalecer espacios de co-trabajo. Porque contamos con talento para desarrollar soluciones pertinentes para el país.

Tenemos la firme convicción de que para hacer social al conocimiento, porque no basta con hacerlo libre, no basta con reivindicar su condición de genuinamente libre, tenemos que hacerlo social, y para ello debemos, además, liberarlo del secuestro en el que permanece. No en vano, en ese marco legal que tanto ayudó a construir y avanzar nuestro Presidente Chávez, se habla de un espacio de transición durante el cual tenemos el mandato en las comunidades de software libre a desarrollar herramientas que puedan sustituir software privativo que en este momento se utilizan en el Estado, con aportes equivalentes a un porcentaje de los gastos de licencias.

Debemos entonces liberar al conocimiento y hacerlo social, sacándolo de ese secuestro de licencias y patentes, pero además tenemos que abrirlo a todas y todos. Decíamos antes que hay cinco millones de potenciales desarrolladoras y desarrolladores, y si a algo han ayudado las tecnologías de información libres en el país, es a visibilizar. Visiblizar el que no escucha, a quien no ve, visibilizar a la mujer. Cada vez más, mujeres preparadas están ocupando puestos importantes de dirección de tecnologías de información libres en nuestro país, y eso no es un avance pequeño.

Nuestra sociedad debe trascender la idea de la economía del conocimiento. Tenemos que trascender a una economía social del conocimiento. No es lo mismo hablar de un conocimiento que tiene valor de intercambio, a un conocimiento que, como reivindicamos, dado que es libre tiene un valor profundamente radicado en el uso que hacemos de él. Tenemos que aprender a generar información, indicadores tangibles de este sector. Queremos saber qué es lo que estamos haciendo, queremos saber de esas cinco millones de canaimitas cuáles son las aplicaciones que más se utilizan, cuáles son los contenidos que más son consultados, queremos saber en las tabletas entregadas a jóvenes universitarios, cuáles son las herramientas más utilizadas en el hecho cotidiano que es el proceso de aprendizaje, cuál es el impacto en estos jóvenes y sus inquietudes y si, efectivamente, ocurren inquietudes en ellos para seguir nutriendo ese espacio, ese instrumento que es la tablet.

Las tecnologías libres atienden, resuelven y visibilizan. Son efectivamente la clave para la operativización económica del socialismo. Lo decía antes, las TIL son la clave de la economía planificada y el socialismo es economía planificada. Pero, además, si decían antes que este motor es el motor que los une a todos, debemos decir con propiedad que las TIL son un hilo fino pero resistente capaz de juntar todos los aportes de los motores productivos dentro de la Agenda Económica Bolivariana, para dibujar una nueva matriz productiva.

Nopodemos entender el impulso del sector agrícola, sin involucrar las tecnologías de información libres para que podamos hacer un seguimiento efectivo de la producción, de la plaga, un control efectivo de los invernaderos utilizados, un control efectivo de todo cuanto ocurre en nuestro país a través de la construcción de indicadores y a través de la aplicación de tecnologías de información libres.

No es el tiempo de intentos, es el tiempo para poder impulsar este y todos los motores. Definitivamente la utilización de las tecnologías de información libres es una pieza importatísima en ello, pues debemos posibilitar que se conviertan en el alimento y el sustento productivo del país.

Muchas gracias.

La Educación y el Conocimiento como bien común: más preguntas que respuestas

Mi hermana Marianicer Figueroa, escribió en Otras Voces en Educación,  este extraordinario artículo que hoy comparto con ustedes esperando que lo disfruten tanto como yo.

Algunas reflexiones sobre el documento de la Unesco “Repensando la Educación como bien común”

El aire, la biodiversidad, el genoma, el lenguaje, las calles, Internet… Los comunes no nos rodean: nos atraviesan y constituyen, nos hacen y deshacen. De todos y de nadie, sostienen el mundo, son el mundo. En el cuidado y enriquecimiento de los comunes nos jugamos la vida misma. Es un asunto demasiado importante como para dejarlo en manos del Estado o del mercado. Nuestro desafío es hacernos cargo en común de un mundo común.  David Bollier

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Respondiendo al llamado que nos hiciera la Red Global Glocal por la Educación para analizar el texto publicado por la UNESCO denominado Replantear la educación: ¿Hacia un bien común mundial?, comparto a continuación algunas consideraciones sobre el texto en aras de aportar al debate mundial que sobre el mismo se está desarrollando, y en específico sobre el apartado en el que se insta a asumir a la Educación como Bien Común Mundial.

De antemano, debo identificar que lo que leerán aquí son palabras y reflexiones encarnadas que les comparto como activista por la Difusión Libre y el Acceso Abierto del Conocimiento, de allí que el hecho que la UNESCO esté llamando a que se reconozca al Conocimiento y a la Educación como un Bien Común Mundial, me interpela causando de antemano satisfacción y complacencia en tanto que los posiciona como un patrimonio colectivo al que todos y todas en el mundo tenemos el derecho de acceder sin restricciones.

Esta invitación al debate que nos hace UNESCO, tiene grandes consideraciones políticas, ideológicas y económicas que son necesarias revisar y adaptar al ámbito propio de la educación, sin embargo de manera inmediata podemos decir que implica atribuirle tanto al conocimiento como a la educación tres características claves para determinarlos como un bien común:

  • Son de uso colectivo y por ende pueden ser utilizados por todos y todas.

  • Son transgeneracionales1 lo que implica que no pueden ser gestionados en términos de racionalidad individual ni tener como objetivos las “ganancias”.

  • No pueden ser ni propiedad privada ni pública, lo que conlleva a que debe buscarse una forma de “propiedad comunitaria”, decisión también colectiva y mundial cuya administración se realiza de manera conjunta, desde una perspectiva de responsabilidad colectiva

Con el reconocimiento de estas tres características como atributos del conocimiento y de los procesos para su creación, gestión y apropiación, se hace esperanzador el horizonte para quienes defendemos a la Educación como Derecho Humano al comprender que la condición como bien común implica un freno de la tendencia a la privatización de los bienes públicos asociados a la educación, así como también un freno a la exclusión de las y los ciudadanos en la toma de decisiones sobre el destino y uso de los mismos. De igual manera posibilita la renovación y recuperación de una lógica solidaria para desarrollar nuevas formas de colaboración, gobierno y acción colectiva que en palabras de David Bollier (2008) trae consigo otro paradigma para la acción política con el cual puede proporcionarse un modelo alternativo con el cual propiciar un mayor equilibrio entre preocupaciones económicas, sociales y éticas, modelo que en el marco de las realidades actuales que nos cercan, no puede más que entusiasmar.

Conviviendo con este entusiasmo, aparecen de manera inevitable preguntas más que respuestas, así como preocupaciones ante la complejidad que trae consigo tratar de hacer nacer un nuevo modelo de gestión de la educación, en un contexto en donde el mercado avanza cada día más como instancia que decide y rige los destinos de todos los derechos humanos que tenemos. Para aliviar la tensión que ello causa, a continuación la mirada inicial, siempre precaria, que al respecto he logrado construir a pesar de mi formación humanística y la poca experticia en el ámbito económico desde donde se analiza los bienes comunes.

El concepto de «bienes comunes» viene posicionándose como tema de investigación desde que en el 2009 fue objeto de reconocimiento por parte de la comunidad científica internacional a través de la concesión del Premio Nobel de Economía a la politóloga norteamericana Elinor Ostrom (1933-2012) por su trabajo sobre el El Gobierno de los Bienes Comunes cuya tesis fundamental se sintetiza en la idea que no existe nadie mejor para gestionar sosteniblemente un «recurso de uso común» que los propios implicados (1995: 40). La labor investigativa de la profesora de la Universidad de Indiana recoge múltiples experiencias, muchas de ellas registradas de experiencias en iberoamericana, que demostraban que la existencia de espacios y bienes comunales, sin atribución de propiedad específica a un(os) usuario(s), no conllevaba inevitablemente la sobreexplotación de los recursos y la pérdida y erosión de ese patrimonio, debido a que los individuos que acceden a un bien colectivo (motivados por su propio interés) contribuyen y se comprometen con su mantenimiento y desarrollo. Con su planteamiento Ostorm daba respuesta con su planteamiento a la influyente obra de Garrett Hardin (1968) quien situó a la gestión de los bienes comunes como un proceso asociado a un sobreconsumo incontrolable que inevitablemente termina acabando en tragedia.2

El término “bienes comunes” del inglés commons, en la cultura anglosajona se trata de una categoría histórica que para muchos autores no tiene equivalente estricto en el idioma español. Por su parte Ariel Vercelli señala que históricamente, lo “común” ha estado referido a aquello que surge de la comunidad y, por tanto, estos bienes pertenecen y responden al interés de todos y cada uno de sus miembros, comuneros o ciudadanos (Rubinstein, 2005). Como tales, redundan en beneficio o perjuicio colectivo y se encuentran en permanente tensión frente a las posibles apropiaciones o cercamientos que puedan tener por otros individuos, corporaciones comerciales o Estados (Hardin, 1968; Ostrom, 2005, Boyle,2008).

A fines de este texto, utilizaremos la definición de la Asociación Internacional para el Estudio de los Bienes Comunes (IASC por sus siglas en inglés), que concibe provisionalmente a los commons como aquellos bienes compartidos cuya uso sostenido y gobernanza (palabra con la cual no me siento muy cómoda), requieren acción colectiva. Estamos refiriéndonos a bienes, recursos, que más allá de la propiedad o de la pertenencia, asumen, por su propia vocación natural y económica, funciones de interés social, sirviendo directamente los intereses, no de las administraciones públicas, sino de colectividades y de las personas que la componen.

Si bien el análisis de Hardin, identificando “commons” con “tragedia” ha tenido efectos persistentes, en el sentido de considerar como utópico, irrealizable y poco eficiente cualquier alternativa que busque una forma de organización social distinta al binomio mercado-estado, el modelo de bienes comunes ya funciona en diferentes ámbitos. En el caso de los educativos buenas e inspiradoras noticias de su buen funcionamiento la vemos en los sistemas sociales de comunicación académica, en los repositorios de programas realizados con software libre, en el trabajo de las bibliotecas de investigación de acceso abierto, y en el modo en que las comunidades científicas producen y difunden sus investigaciones sin restricciones, bajo modelos de investigación abierta.

Los bienes comunes de la ciencia y las comunicaciones académicas antes mencionados, suelen consistir en bienes no rivales (a nadie se le puede privar de él) y no excluibles (no hace falta entrar en competencia con los demás para tener acceso a él) que pueden ser utilizados y compartidos por mucha gente sin agotar el recurso, característica que algunos comentaristas han denominado como la cornucopia de los bienes comunes, según la cual a las mismas tienen más valor en la medida que mucha más gente utilice el recurso y se una a una comunidad social. “El principio operativo es «cuantos más, mejor». En realidad, el valor de una red telefónica, de una bibliografía científica, de un programa de software de código abierto aumenta cuanta más gente participe en la empresa, un fenómeno que los economistas denominan «efectos de red”. (Hess y Ostrom, 2016, p. 59)

Desde esta perspectiva atribuirle como acuerdo global mundial la noción de bien común al conocimiento, implicaría enfrentar las lógicas desarrolladas por el “Capitalismo Cognitivo”3, desde donde se le ha otorgado al conocimiento cultural, humanístico, artístico, científico y tecnológico trato como mercancía, fortaleciendo y potencializando para ello marcos regulatorios sobre la propiedad intelectual e industrial, en conjunción con una “demanda” de conocimiento formulada desde los grandes centros de poder que procuran modos de privatizarlo en función de los beneficios que su escasez trae consigo. Las consecuencias de este secuestro han sido nefastas para el desarrollo de los pueblos, más aún cuando los ámbitos en los que aparece con mayor fuerza, como la salud, la alimentación y la educación, son de interés prioritario para superar la condición vulnerable de la humanidad.

Ante esta realidad, se asoma como un muy buen síntoma para el mundo que la UNESCO se sume y ponga en la palestra mundial la denuncia de la tendencia actual a la privatización de la producción, reproducción y difusión del conocimiento, cuando señala que: (la cita textual larga interlineado sencillo a continuación)

“El conocimiento está siendo gradualmente privatizado por ley, y más concretamente por el régimen de Derechos de la Propiedad Intelectual, que domina la producción del conocimiento. La privatización progresiva de la producción y reproducción del conocimiento es evidente en la labor de las universidades, centros de investigación, empresas consultoras y editoriales. Debido a ello, se está privatizando en la actualidad buena parte del conocimiento que consideramos un bien público, y que nosotros estimamos que forma parte de los bienes comunes” (UNESCO, 2015, p.84)

Mejor síntoma aún es que proponga como línea estratégica para garantizar el derecho a educarse, que se devuelva a la humanidad lo que le corresponde, de manera que se le garantice el acceso universal y equitativo para todos y todas a una información puntual, correcta y acreditada, incluyendo muy especialmente en ese todos al Sur global.

Al respecto es muy importante resaltar que lo que puede parecer teoría e inclusive utópico, ya es acción concreta y vida en centenares de instituciones académicas y científicas a nivel mundial, e inclusive países, que de forma explícita han generado mandatos y políticas4 que obligan a que toda la creación intelectual financiada por fondos públicos sea de difusión libre y por ende publicada en repositorios digitales, para que sea de consulta y uso de todas y todos.

Ahora bien, al igual que el conocimiento la invitación de la UNESCO es también sumar como bien común la gestión de los procesos y las instituciones que aseguran la creación, acceso y apropiación del conocimiento, proceso que implica una gran complejidad en tanto que al incluir en la gobernanza de la educación recursos tangibles cuya utilización por unas personas puede limitar su uso por parte de otras, requiere de claras reglas y del compromiso de todas y todos los involucrados.

La característica de este tipo de bien común, denominado también “Recursos de uso común” es que pueden ser agotables, rivales y escaseables5, así como también pueden llevar consigo altos costos de exclusión, si estos no están sujetos a reglas que contienen un manejo responsable de ellos para evitar su agotamiento y/o depredación, y de reglas justas para su acceso. Al respecto señala Ostrom:

“Los recursos comunes pueden ser considerado como cualquier tipo de recurso (natural o de otro tipo) sujeto a formas de uso colectivo, para el que la relación entre el recurso y las instituciones humanas que media la apropiación son un componente esencial del régimen de manejo” (2005, p.132)

Desde esta perspectiva pensar en la educación como bien común amerita de un modo otro de los procesos de definición, gestión y evaluación de las políticas y el desarrollo del proceso educativo, incluyendo aquellas referidas a su financiamiento, en donde todas las partes involucradas, requieren articularse en una empresa social colectiva, como lo propone la UNESCO, para poder garantizar por una parte el derecho a la educación de todas y todos y por otra el alcance de las metas que a ésta le han atribuido en los marcos jurídicos de cada país.

Ante este planteamiento, la primera pregunta que surge es ¿Quiénes conformarían esa empresa social colectiva?, ¿Qué rol tendría en ella el estado, las y los educadores, padres, madres, los organismos internacionales, la empresa privada, el mercado y las comunidades en las que se ubican estas instituciones educativas? ¿Si la gestión de la Educación será desde una empresa social común, a quién le corresponderá financiar la educación en un escenario en donde la responsabilidad primera de los estados en la administración de la educación pública tropieza con una oposición cada vez mayor, con demandas de reducción del gasto público y una mayor participación de agentes no estatales ? ¿Que la educación deje de ser un bien público para pasar a ser un bien común debilitaría el rol del estado como garante de la educación? ¿Podría considerarse esto como una forma de privatización?

Lamentablemente para las posibles expectativas de quienes leen estas líneas, éstas y muchas otras preguntas que al respecto surgen, no tienen aquí ni en el documento de la UNESCO respuestas precisas y detalladas, sin embargo alrededor de las mismas comparto comentarios-preocupaciones al respecto.

Pensar en la gestión de la Educación como recurso de uso común, trae al tapete diversas alertas. Algunas son propias del ámbito de los bienes comunes, alertas que ya han sido estudiados y advertidos por diversos autores, al hacer referencia a los dilemas6 propios del uso sostenido de un recurso cuya apropiación colectiva podría afectar las capacidades productivas de los sistemas, si se imponen la competición por el uso, el aprovechamiento abusivo de aquellos que utilizan el bien común sin contribuir a su mantenimiento y/o la sobreexplotación excesiva del mismo.

Para evitar que ello suceda Mario Fagiolo (2012)7, citando los aportes de autores como Ostrom y Hess, sostiene que bajo las condiciones adecuadas8, los “bienes comunes” pueden ser “bienes sostenibles”, siempre y cuando los actores, impulsados por el espíritu de cooperación, cambien voluntariamente el enfoque del juego: de “suma cero” a “suma positiva” (ganar – ganar) de manera que en lugar de actuar con base en la búsqueda del máximo beneficio, elijan conseguir el beneficio óptimo, donde no hay perdedores y todos pueden salir beneficiados.

Esto se canaliza y cristaliza con la definición colectiva y consensuada de normas apropiadas de funcionamiento y monitoreo, de mecanismos eficientes y eficaces para la resolución de conflictos lo que en otras palabras implica la construcción de instituciones humanas, informales o formales, que garanticen su reproducción natural o social de los recursos comunes, con un modelo de gestión congruente con las características propias del bien del que se trata: si el bien es común también la planificación y la gestión deben serlo.

Sumado a esas preocupaciones propias de la gestión de los bienes comunes, aparecen también interrogantes y preocupaciones propias de la educación en cinco grandes temas a saber: su financiamiento, la definición de su fin y forma de gestión, su evaluación, la formación de la ciudadanía para asumir acciones de co-gestión y la participación que el estado, el mercado y los organismos internacionales tendrán en el desarrollo de las macropoliticas para el bien común en tiempos en donde cada día son más las presiones que existen para dejar en manos de los privados, la educación pública, ya sea por la vía de la privatización explicita o por la vía de la “privatización por defecto”9?

Al respecto, para muchos es conocida la explícita y poderosa influencia que hoy día tienen influyentes “edu-empresas” y “edu-emprendedores” en todo el mundo, que disponen de un enorme poder y recursos dedicados a socavar y eludir fondos del sector público. Las empresas y fundaciones privadas promueven y “venden” a los gobiernos cada vez más ideas en materia de políticas, tales como la elección de la escuela, la competencia, la rendición de cuentas, la estandarización de pruebas y planes de estudios, la evaluación de la pedagogía y de los docentes, tal como está reseñado en diversos artículos, entrevistas y textos diversos publicados en OVE, del que resaltamos el excelente artículo de Carol Anne denominado “Vender el derecho a la Educación Pública de calidad para todos

De igual manera son diversos los autores y movimientos sociales que denuncian que las instituciones diseñadas en 1945 en torno a las Naciones Unidas, también han mostrado sus límites, principalmente porque giran alrededor del estado y más concretamente de unos pocos estados que controlan el sistema entero. “Hoy a pesar de algunos logros la ONU sufre de una escandalosa carencia de fondos y está bajo presión, no tiene ningún medio de aplicación de sus resoluciones y en definitiva depende de la buena voluntad de los cinco miembros del Consejo de Seguridad que no tienen intención alguna de renunciar a su poder”10 (Blin, A y Blin G Marin, Abril 2012, p 19) Esta realidad también fue evidenciada en la denuncia realizada por mas de un centenar de académicos y pedagogos del mundo, por el giro economicista que en el 2015 tuvo el Foro mundial de Educación realizado por la UNESCO en Incheon, Korea; motivo por el cual emprendieron una campaña contra el Apagón Pedagógico Global, campaña reseñada en OVE.

En este contexto cada día más naturalizado e instituido, ¿Como dar el salto para la acción colectiva real en la asunción de la gestión de la Educación como Recurso de uso común a sabiendas que los políticos y expertos no pueden diseñar o construir comunes desde arriba en formas de procomún fabricado? ¿Quiénes están formando ciudadanía para ello, en un mundo en el que claramente prevalece el individualismo, la competencia y la meritocracia? ¿Puede instituirse la educación como bien común, cuando esta debe surgir de la convicción y el compromiso de los actores de una comunidad? ¿Quién está en este momento sembrando ciudadanía dispuesta a asumir la gestión de los bienes comunes?

Al respecto copio la reflexión de Boiler (2016) regalada en una entrevista, también reseñada en OVE:

“Cuando los comunes están patrocinados por las instituciones, no pueden disfrutar de ese mismo espíritu de dedicación, propiedad y creación mutua que surge desde abajo. En tal sentido, siempre serán objetos dentro de una obra ajena con directores externos, en vez de ser la expresión de un brote creativo surgido de las propias personas para satisfacer sus intereses, necesidades y vida interior” (s/p)

En ese sentido, tomar en cuenta que la acción colectiva no es una constante dada por principio en las interacciones sociales, implica necesariamente crear, más bien retomar, una cultura para la gestión exitosa de los bienes comunes, lo que conlleva invertir tiempo para el desarrollo a escala global y en todos los niveles, de las habilidades necesarias que nos permitan participar en empresas sociales colectivas. Construir visiones comunes sobre los bienes recursos colectivos, lograr acuerdos sobre reglas claves de cooperación, confiar en el compromiso y la voluntad de los otros, tener certeza de que todas y todos los involucrados asumirán las restricciones y los esfuerzos que implica el cumplimiento y el monitoreo de los acuerdos, y constatar que los bienes comunes y su “productividad” se mantienen, son habilidades primordiales para este gran paso, habilidades que por cierto no forman parte de aquellas cuya medición en pruebas estandarizadas califican si un sistema educativo es de buena calidad o no.

Saltar a la gestión de la educación como bien común, sin prepararnos y tener conciencia crítica para ello, es ir desnudos a un dialogo con instancias que seguirán apostando al fracaso de la educación pública y sin duda al fracaso de la educación como bien común. En ello el lugar del Estado, inevitablemente no puede ni debe verse disminuido. Sobre esa premisa la apuesta a la asunción de la cultura del bien común en el ámbito educativo, es necesario posicionarla como una apuesta a considerar a la Educación como un bien común de interés público del estado, lo que implica que por su naturaleza es res communis ómnium, y res extra comercium, una cosa o bien común de todos y todas no susceptible de apropiación individual, reconocimientos que contaría con el interés deliberado y público del Estado y su compromiso, como instancia prioritaria, para garantizar los compromisos que requieren la asunción de la Educación como bien común, su acceso y la creación y cumplimiento consensuado de su regulación.

Desde algunos caminos transitados 11 para ello, y asumiendo también como mías las palabras de Silke Helfrich y Jörg Haas referidas a que la capacidad de desarrollo de la sociedad, depende de manera decisiva de su aptitud para resolver el desafío de hacer justicia respecto a los criterios de equidad de acceso y uso de nuestra herencia común. Por ello, pensar en la educación como bien común es pensar en la capacidad de nuestras sociedades a escala global para el dialogo concertado y la aceptación y validez de la paridad de voces de maestros y padres con los creadores de las políticas educativas a la hora de asumir posicionamiento ante la ola privatizadora de la educación pública nivel mundial y de incidir para decidir de qué se quiere hablar al referirnos a la calidad educativa.

También es pensar en cómo otorgar la cualidad de bien común a la Educación, ayuda a enfrentar lo que Otras Voces en Educación ha reseñando en múltiples noticias y artículos pubicados en apenas cuatro meses de trabajo, sobre las resistencias de educadores del mundo ante el apagón pedagógico global y la instrumentalización del conocimiento a favor del mercado12, los posicionamientos críticos de Maestros ante el modelo de evaluación de desempeño docentes instituido en México13, la negativa de miles de padres en España, Reino Unido y en EEUU a la aplicación de pruebas estandarizadas a sus hijos y el trato meritocrático y discriminizador de sus escuelas14, en el movimiento ciudadano en torno al avance de la privatización de la educación pública en África a través de las escuelas Bridges, o en Perú e India ante la escalada de las escuelas de bajo costo que cada día son más en esos países15.

Para ello, sumo a mi convicción las palabras de Helfrich y Haas (2009):

“Partimos del supuesto de que la capacidad de desarrollo de la sociedad, de toda sociedad, depende de manera decisiva de su capacidad de resolver el desafío de hacer justicia a los criterios de equidad de acceso, participación activa en los commons y sustentabilidad ecológica y social. El debate en torno a la responsabilidad por nuestros recursos colectivos, por lo tanto, es también un debate sobre cómo está constituida nuestra sociedad” (p.143)

…A lo que yo le añadiría que también es un debate sobre el estado de salud de la misma, hoy día y en las mañanas por venir.

Bibliografía:

Ariel Hernán Vercelli (2009). ‘Repensando los bienes intelectuales comunes: análisis socio técnico sobre el proceso de co-construcción entre las regulaciones de derecho de autor y derecho de copia y las tecnologías digitales para su gestión’.

Bollier, David et al. 2009. “The Future of the Commons.” [Notes from a retreat at Crottorf Castle near Cologne, Germany, on June 25-27, 2009].

Blin, A. y Marin, G. (2012). Los comunes y la gobernanza Mundial. Hacia un contrato social mundial, consultable en [www.gober nanza-mundial.org].

Bollier, David. (2008) “The Commons as a New Sector of Value Creation.” Kosmos Journal Fall/Winter 2008, Vol. VIII, No. 1.

Boyle, J. (2008).The Public Domain: Enclosing the Commons of the Mind. Estados Unidos de Norteamérica: Caraban Books.

Fagiolo, Mario (2012) “El conocimiento como bien común” Revista Venezolana de Economía Social Año 12, Nº 23, Enero-Junio 2012. ISSN 1317-5734.ISSN Elect. 2244-8446Universidad de los Andes (ULA) NURR – Trujillo. CIRIEC – Venezuela

Hardin, G. (1968). The Tragedy of the Commons. Disponible enhttp://www.sciencemag.org/cgi/ content/full/162/3859/1243. Publicado originariamente enScience 13 December 1968:Vol. 162. no. 3859, pp. 1243 – 1248 DOI: 10.1126/science.162.3859.1243.

Hess, Charlotte. (2008). “Mapping the New Commons.” 12th Biennial Conference of the International Association for the Study of the Commons

Helfrich, Silke and Haas, Jörg. (2009). “The Commons: A New Narrative for Our Times.” Heinrich Boell Foundation.

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Unesco (2015). Replantear la educación: ¿Hacia un bien común mundial?París (Francia): Unesco. ISBN 978-92-3-300018-6

Ostrom, Elinor (2005). Understanding Institutional Diversity. Princeton University Press.

Rubinstein, J., C. (2005).¡Viva el Común! La construcción de la protosociedad civil y la estructura política castellana en el bajo medioevo. Buenos Aires: Prometeo Libros.

S.A (2008). Genes, bytes y emisiones: bienes comunes y ciudadanía. Compiladora Solke Helfrich. Ediciones Böll, México. Disponible en: http://www.boell-latinoamerica.org/downloads/Bienes_Comunes_total_EdiBoell.pdf [Consulta: 2013, Abril 18]

Vercelli, Ariel (2009) Repensando los bienes intelectuales comunes –análisis socio-técnico sobre el proceso de co-construcción entre las regulaciones de derecho de autor y derecho de copia y las tecnologías digitales para su gestión. Tesis de Doctorado con mención en Ciencias Sociales y Humanas. Universidad Nacional de Quilmes. ISBN: 978-987-05-6304-4. Descargada del sitio:www.arielvercelli.org/rlbic.pdf

Notas para entreleer

1 La visión transgeneracional implica que se debe tener a) la responsabilidad de aprovechar los recursos y el ambiente si que se afecten las capacidades y posibilidades de uso por parte de las generaciones futuras, b) el compromiso de no generar impactos que constituyan pasivos transgeneracionales y afecten la capacidad productiva y de sobrevivencia de las generaciones futuras, c) la responsabilidad de capacitar, sensibilizar y empoderar a las generaciones más próximas (los hijos básicamente) respecto a las responsabilidades que les tocara asumir consigo mismos y con las generaciones posteriores a ellos

2 La versión de Hardin sobre los commons ingleses aborda la destrucción de los bienes, pasando por alto la tragedia de las comunidades. Hardin sostiene su propuesta utilizando la metáfora de un hipotético pasto utilizado colectivamente por varios pastores y, por ello, deteriorado, suponiendo que el interés particular de todos ellos no es otro que el de incrementar de manera constante el número de ovejas que cada uno lleva al prado, para maximizar así las ganancias que el uso del recurso común genera a cada uno de ellos. Sin embargo, este comportamiento y las ganancias obtenidas se enfrentan con límites ineludibles, ya que el aumento del uso y de la presión sobre el recurso conduce inevitablemente a su destrucción. refutar la parábola de Garrett Hardin sobre la «tragedia de los comunes». Para combatir la gestión pública de los recursos públicos, los conservadores, partidarios del mantenimiento de los derechos de propiedad, han esgrimido el análisis y la poderosa metáfora de Hardin, según la cual es probable que los bienes comunes que no se rigen por derechos de propiedad individuales acaben en la sobreexplotación y ruina del recurso.

3 Para conocer sobre este tema recomendamos la lectura de dos textos reseñados en Otras Voces en Educación (OVE): El conocimiento: dimensión estratégica para el capitalismo cognitivo de Marx Gómez y Capitalismo Cognitivo, otro argumento para reinventarse o morir de Laura Rosillo Cascante

4 La estadística que sustenta esta afirmación es tomada de los datos publicados al respecto por ROARMAP que es el directorio internacional sobre políticas institucionales de Acceso Abierto (AA) que son adoptadas por las universidades, instituciones de investigación y financiación, e inclusive países. En la actualidad este observatorio creado en el 2003 por la Universidad de Southampton alberga para el segundo trimestre del 2014, quinientos tres mandatos a nivel mundial, a diferencia del 2013 en el que reportó doscientos (200) mandatos menos. Estos datos pueden verse en http://roarmap.eprints.org/

5 En el lenguaje de Ostrom: “recursos de uso comun” (RUC) son “un sistema de recursos naturales o hechos por el hombre, que es bastante grande como para hacer costoso (pero no imposible) excluir a potenciales usuarios de su uso”, Ostrom, op. cit., p. 66. Sus atributos definitorios son la substracción o rivalidad y la no exclusividad o exclusión costosa. Entre ellos estudió las pesquerías, pastizales, sistemas de irrigación, bosques comunales, lagos y cuencas subterráneas a nivel local, véase Ostrom, The Logic…, cit., p. 58.

6 Para conocer sobre los dilemas estudiados alrededor de la gestión de los Bienes Comunes, recomiendo leer el texto “Dilemas de lo colectivo Instituciones, pobreza y cooperación en el manejo local de los recursos de uso común” de Juan Camilo Cárdenas, quien no solo los explica sino que los ejemplifica los mismos con experiencias reales sobre gestión de recursos naturales.

7 Mario FAGIOLO (2012) “El conocimiento como bien común” Revista Venezolana de Economía Social Año 12, Nº 23, Enero-Junio 2012. ISSN 1317-5734.ISSN Elect. 2244-8446Universidad de los Andes (ULA) NURR – Trujillo. CIRIEC – Venezuela

8 Elinor Ostrom y Charlotte Hess (2009) nos proporcionan un listado de condiciones adecuadas o principios constitutivos de las “instituciones de bienes comunes”que – en el curso de los numerosos estudios empíricos que se realizaron – resultaron ser: sólidas y sostenibles, veamos. • Una clara definición de las posibilidades y de los límites. • Las normas utilizadas deben ser adecuadas a las exigencias y a las condiciones locales.• Todas las personas, que deben respetar esas normas, pueden participar en la definición y redefinición de las mismas.• El derecho de la comunidad, para establecer sus propias reglas, es respetado por las autoridades externas: principio de autonomía.• La existencia de sistemas de autocontrol de la organización para monitorear el comportamiento de los integrantes.• Los sistemas de sanciones, están diseñados para su aplicación progresiva.• Los miembros de la comunidad cuentan con el apoyo de mecanismos, para solucionar conflictos, a bajo costo.• La estructura de las organizaciones co-evoluciona desde los modelos mecánicos de ayer hacia los modelos orgánicos de hoy; promoviendo arquitecturas anidadas

9 La privatización por defecto no es otra cosa que una forma de privatización que no es producida directamente por políticas explícitas de privatización, sino que es una privatización que surge por demanda y por un proceso más de abajo hacia arriba, impulsado por una percepción negativa muy extendida respecto a la calidad de la educación pública. Ver un caso de privatización por defecto en: http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/87147

10 Los Comunes y la Gobernanza Mundial . Hacia un contrato social Mundial. Arnaud Blin Gustavo Marin Abril 2012.

11 El planteamiento del conocimiento como bien común de interés público lo  propusimos en Venezuela en el proyecto de Ley de difusión libre y acceso abierto al conocimiento elaborado por activistas entre el 2014 y 2015, como instrumento legal en el que se reconociera en el conocimiento la cualidad de res extra comercium, lo que lo hace susceptible de tener protagonismo en el mundo de los negocios y/o del comercio, y la de res communis ómnium, que le atribuye connotaciones de propiedad común. Si bien, no alcanzamos a la promulgación del proyecto de ley antes mencionado, la idea de los bienes comunes de interés público logramos posicionarla en la Ley de Semillas aprobada en Diciembre de 2016, en la cual se distingue a la semilla como bien común de interés público cultural y natural, material e inmaterial de los pueblos.

12 Ver artículos sobre el tema : http://otrasvoceseneducacion.org/?s=apag%C3%B3n+pedagogico+global&submit=Buscar

13 Ver artículos y noticias sobre el tema en: http://otrasvoceseneducacion.org/?s=resistencia+magisterial&submit=Buscar

14 Ver noticias sobre el tema en:http://otrasvoceseneducacion.org/?s=apag%C3%B3n+pedagogico+global&submit=Buscarhttp://otrasvoceseneducacion.org/archivos/80508

15 Ver textos sobre el tema en:http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/87147,http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/2178, http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/94912

Capitalismo Cognitivo visto por Yann Moulier Boutang

El lenguaje: instrumento de construcción del mundo

Hay idiomas en otras comunidades indígenas que incluyen en su propia construcción gramatical al sujeto del conocimiento (indicando si lo que alguien afirma lo sabe por experiencia propia y directa, o si lo sabe por información de alguien que tuvo experiencia directa de los hechos narrados): en esos idiomas sólo es pensable, entonces, afirmar cosas que fueron vividas o por uno mismo o por alguien que uno conoce personalmente. Yo llamo a estas lenguas “idiomas responsables”, porque en ellas siempre está claro cómo se sabe lo que se sabe … a diferencia de nuestras lenguas modernas que yo calificaría de “irresponsables” en las que uno puede llegar a afirmar que “Dios existe” o que “los economistas saben cuál es la salida” sin tomarse la molestia de informar cómo llegó uno a saber cosas tan importantes.

Maduro, O. (2004) Mapas para la fiesta (relexiones latinoamericanas sobre la crisis y el conocimiento) Fundación Centro Gumilla: Caracas pp 89

Ligia: matrona de nacientes

IMG_20150321_114206_peqLigia sería, en palabras de Jacqueline Clarac, una piedra del páramo merideño.

Supe de ella hace años por un trabajo anterior donde yo gestionaba proyectos de ciencia y tecnología en una institución pública del Estado, y ella trabajaba junto con algunas de mis compañeras de oficina.

Pero apenas hace unos días, la vida me regaló la oportunidad de ver, a esa hermosa piedra, florecer en vitalidad y sabiduría ante mis ojos.

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Hablar de Conocimiento Libre: Un rito necesario

Hace poco participé en una investigación articulada de modo militante en torno a las nociones e ideas fuerzas tras el activismo de conocimiento libre. La investigación la condujo Marianicer Figueroa. Lo que a continuación muestro es un primer relato de lo que ese ejercicio  me mostró.

Contándonos

Nombrar en distintos escenarios, momentos, lugares y grupos, la necesidad de cambiar nuestra comprensión como ciudadanos/-as y colectivos, hacia lo técnico y lo tecnológico, y mirar con una visión algo más humanista estos temas que  nos motivan a quienes nos asumimos activistas del conocimiento libre, es algo que me habita desde hace algún tiempo. Esa perspectiva que me parece apropiado nombrar como social hacia lo técnico, se centra en preguntar(me) sobre la situación secuestrada del conocimiento, pese a su condición natural de libre.

La pregunta, la construyo a diario desde distintos espacios en los cuales me sé en compañía con otros/-as. Con esas compañías también habito espacios donde nos dibujamos, contamos historias que nos han sido y nos construimos puentes porque nos reconocemos comunes.

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Trazabilidad del conocimiento

Leí hace agun tiempo que, en el camino hacia la cultura libre, requeríamos de la muerte del autor. En el artículo, los/-as cultores/-as de Sursiendo nos hablan del endiosamiento de quien se abroga la autoría de algo y su negación al hecho, prácticamente irrefutable, de que la cultura es hija de la remezcla e interpretación.

Sin pretender defender ese endiosamiento del/-la autor/-a, debo confesar mi casi absoluto convencimiento de que si bien es cierto que no somos dueños/-as de lo que pensamos como un producto genuinamente único y de nuestra propiedad, el reconocimiento de aquellos/-as de quienes hemos bebido (y a veces regurgitado también, por qué no) conceptos e ideas, es absolutamente necesario.

Para mi cada día es más evidente que el reconocimiento explícito del origen de los términos que usamos porque los hayamos bebido de otros/-as permite su trazabilidad y, sobre todo, habla de nuestra honestidad intelectual.

No pretendo esgrimir aquí argumentos morales, apenas decir que, en medio de esa evidente y notoria remezcla de la que somos objeto y también sujeto, es evidentemente necesario, reconocer cada uno de los pliegues de los cuales se configura aquello que vamos siendo, intelectual y socialmente.

Observaciones pesimistas

Agruparnos en torno a colectivos de individuos con comunión de intereses, pujando por cambios estructurales, nos hace girar en torno a otra lógica distinta a la tradicional tecnocrática.

Desde ese plano distinto al de la lógica burocrática tradicional de las instituciones públicas, debemos asumir que quizás, no deberíamos insistir que, como primera opción para ese cambio requerimos el apoyo de las instituciones públicas y privadas, desde ellas y con su apoyo.

Organizacionalmente hablando, considero un suicido del colectivo que opera en torno a intereses también colectivos, insistir en el apoyo institucional como única vía para su logro. Sin embargo, esa creencia es uno de los sinsentidos de mayor propagación viral que logro ver por estos días: creo que todo intento de cambio a la lógica institucional estatal establecida, que opere desde fuera de esa lógia parece tener un nivel de posibilidad de ocurrencia inversamente proporcional a la sumatoria de la longevidad de la institución y el tiempo de antigüedad de su personal.

Lo cual lo traduzco de la evidencia empirica de que ninguna institución atenta de modo consciente contra la subsistencia de su propia lógica y, por tanto, todo cambio que afecte y subvierta de algún modo su propia lógica de subsistencia per se, está condenado al fracaso.

Lo simple y lo complejo

Me gustaría contar una historia que creo es una explicación probable al modo en el cual el conocimiento fue complejizado, compartimentado y enajenado progresivamente de su original propietario: el ser humano. La relataré, sabiendo que faltan infinidad de detalles, incluidas referencias, pero me conformo en confiar en el lector y su confianza en mi relato y en advertirle que no está acabada la historia y no es objetiva, al menos no del modo como suele reclamársele que sean los escritos a quienes hablan de ciencia.

Cuentan que desde que el ser humano comenzó a organizarse emergió el control como problema para el logro de la articulación de grupos en torno a fines específicos.

Mientras las tareas fueron sencillas y los grupos pequeños, dicen, el tema del control podía solucionarse dirimiendo disputas por uso de la fuerza entre pares. Por su parte, estrategias como la negociación, el debate y la generación de consensos, fueron utilizadas por grupos humanos mucho tiempo después, es decir, en la medida en que esos grupos se diversificaban en número, composición, dispersión geográfica, expectativas y aspiraciones. En ese contexto, el control y su ejercicio debieron diversificarse también de modo sustancial, provocando la emergencia de dos grupos claramente diferenciados: dominantes y subyugados.

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