Emancipando al conocimiento.

Historias de una sentipensante y proletaria del conocimiento y su andar mayéutico por la senda de la escritura

escuchar

Si buscas tu real propósito, quizás debas escuchar un poco más

¿A quién debemos escuchar, a quien nos habla o a nosotros mismos?

Inicio una serie donde hablo desde el escuchar y el escucharnos como espacio necesario para la construcción de nuestros objetivos. Aún sin frecuencia establecida, espero sean más en breve.

No sé si un día quise aprender a tocar piano. Podía escuchar muy bien, sin tener un oido absoluto. Por eso, no sé si hubiera preferido aprender a tocar guitarra, teclado electrónico, arpa o cuatro. Lo que si recuerdo es que lo estudié durante quince años y después de los 21 lo hice a ratos. De forma algo desordenada y casi siempre para encontrarme con otros espacios y memorias de vida que lanzaban cables a tierra.

Mi madre, sin embargo, si que tenía un propósito para mis estudios de piano: deleitarla con sus canciones preferidas. Esas que tantas veces había escuchado en el tocadiscos en cualquier de las colecciones que durante año fue atesorando, podrían ahora ser tocadas por mi. Su objetivo con mis estudios de piano, daban sentido y propósito a mi aprendizaje: hacerla feliz. Mucho tiempo después concluí que, en el fondo, no habría escogido el piano se me lo hubieran ofrecido junto con otras opciones.

Pero apenas hace un par de lustros comprendí muchas cosas. Gracias a aquellos estudios diarios y continuados, de horas y horas con escalas, arpegios, inversiones y digitaciones, desarrollé habilidades como motricidad fina, autonomía en mis manos, facilidad de tipeo, anticipación en la lectura, coordinación y ejecución individualizada de tareas en ambas manos. Algunas de esas tareas, las siento un poco disminuidas desde que es más infrecuente mi práctica del piano.

Si has sabido escuchar, a través de esta historia, viste que el objetivo de mi madre se convertiría en propósito para mi. Creo que esto nos ocurre con mucha mayor frecuencia que la que percibimos. Rara vez tenemos adiestrados los sentidos para adquirir plena consciencia de aquello que ocurre a nuestro alrededor, en el momento en que ocurre.

Es inevitable preguntarnos si el propósito de otra persona, cercana o no, nos aporta suficiente contenido lo que hacemos. Y, quizás la pregunta más determinante aquí, sería cómo poder identificar nuestros propios objetivos (de vida, de acción, de investigación…) y cómo echarlos a andar de manera apasionada y única, convirtiendolos en propósito en nuestro quehacer diario.

Somos seres de energía, que no sólo la irradiamos, sino que también la recibimos. La energía puede ser positiva y, lamentablemente, en ocasiones puede irradiarse energías negativas casi con la misma fuerza.

En este punto, considero que no es egoista el consciente adiestramiento para identificar ambas fuentes de fuerza y movimiento para la vida. Muy por el contrario, escuchar ayuda a identificar nuestros propósitos y aquellos que pertenecen a otras personas. Nos ayuda, en mucho, a mantener conciencia sobre esos canales de comunicación que hemos llamado energía y que veremos en otro momento.

Antes preguntaba cómo podríamos aceptar que aquello que llamamos objetivo, en realidad es parte del propósito de alguien más. No es una tarea sencilla, pero si nos asumimos seres conectados que irradiamos y recibimos energías de distinto tipo y tenor, bien podemos afinar nuestros sentidos y hacernos cada vez más compasivos y sensibles a lo que otros desean, anhelan y organizan sus espacios de acción al igual que nosotros.

Descifrar el propósito del otro y su influencia en mi, tampoco es algo que debiera consumir mucho esfuerzo. Entonces, como diría Pierra Franckh, quizás entender que la mayor energía se acumula y maneja en el corazón, puede darnos parte de la respuesta, en especial, porque en muy pocas ocasiones dedicamos esfuerzos conscientes en discernir una jerarquía de acciones en nuestro quehacer, tal que nos permita avanzar en eso que llamaremos propósito de vida.

En otro momento abordaremos más al detalle el diseño de los objetivos (no sólo de vida, sino también de trabajo o de investigación). Te invito ahora a pensar sobre cuándo un objetivo adquiere razón de ser para nuestro propósito de vida.

Seguramente en más de una ocasión has sentido que un deseo intenso se te aloja en medio de tu pensamiento y te modificia el humor, el ánimo, la fuerza y dinamismo que tienes en ese momento. Quizás ese deseo tuvo una motivación externa, una canción, una imagen, un libro que leías, una llamada telefónica o el contenido de un tuit, algún estado de facebook o una imagen en instagram o pinterest con una escena deseada por ti sobre alguna situación. Se consituye en un estímulo que despierta un anhelo en latencia.

Piensa con un poco más de detenimiento: esa imagen, ese texto, esa voz, te inspiró porque se conectó directamente con una intención en tu ser, aún cuando esa intención fuera hasta ese momento desconocida por ti. Aquello con lo que se conecta ese estímulo que te inspiró, es precisamente parte de tu propósito.

Hablaremos luego sobre la sensibilidad hacia estos estímulos. Veremos cómo aprender a anclar esa fuerza que se nos imprimen hacia el accionar. Comprenderemos cómo sostener ese impulso en la voluntad y acercarlo al nuestro centro de energía.

Con un “gordito” menos en los hombros

Aunque no nos lo parezca, no hay nada que me evidencie que, al llegar el día que se espera, las cosas no terminen ocurriendo como deban ocurrir. Lo que quizás si resulte nuevo es que aunque intentemos, nunca logramos anticiparnos del todo a los modos en que la vida se desplegará en cada momento, y apenas, si contamos con algo de suerte, podemos atinar a ver cómo van ocurriendo las cosas.

Lo cierto es que a ojos de otros y otras, el día en que se presenta una idea que catalogamos de doctoral y está escrita en un libro, es un momento de tal repercusión que al finalizar, una acaba con un gordito menos en los hombros, por el peso que se quita de encima.

En mi caso, esto es parcialmente cierto, pues en Estudios Abiertos, haber concluido el libro y haber hecho su presentación ante pares, no ocurrió con el propósito único y principal de cerrar el ciclo, sino con la perspectiva genuina de, al menos, trasladar algunas inquietudes en la audiencia y recibir de ésta sus mejores dudas hechas desde la aproximación sincera de quien quiere sentirse, y de hecho se siente, parte de ese espacio y lugar.

Inicio de la presentacion de TEGA doctoral

Presentación de TEGA doctoral. UNATUR-Núcleo Hotel Escuela de Los Andes Venezolanos.

Esas páginas recogen una parte de lo que he sido y agradezco enormemente haberme permitido que así haya sido y haber recibido el gentil jalón de orejas necesario de mi tutora, señalándome la necesidad de sacar mi voz, en lugar de ocupar el libro con unas buenas reseñas de otras y otros.

La presentación de la idea doctoral, entonces, saltó desde un resumen grueso de lo que he venido siendo en términos de intereses de investigación y en desempeño profesional en los últimos años. En este enlace  Desarrollo, turismo y conocimiento libre puede consultarse el documento de la presentación. Advierto que muchas cosas no se entienden por si mismas y pueden requerir escuchar la presentación completa.

Un énfasis especial mereció tanto en la exposición como en el libro, el Conocimiento Libre como eje problematizador porque, en definitiva, no sólo es para mi una gran casa donde se habita y se hace morada, sino también una ventana desde donde mirar el mundo y cruzar historias con otras y otros.

Desde esa perspectiva, entonces, invitaba a quienes asistieron a pensar al desarrollo endógeno y al turismo. Seguramente el tiempo se hizo chiquito para poder mostrar todas las aristas que se disponen a pensar y nos motivan a pensarnos como espacios vivos que se articulan, moldean y rearticulan mientras se piensan en colectivo, pero en todo caso resulta urgente asaltar cualquier espacio para que invitaciones así ocurran.

Pero, dado que me aproximé a la presentación del libro como un espacio dialógico e inquieto, con aspiraciones de comienzo de construcción de lenguaje común en torno a los temas abordados, quiero abrir un compás aquí para presentar algunas reflexiones compartidas por el Comité de Convalidación, porque estoy convencida de que sirve también para iluminar espacios que bien pueden ser nuevas lecturas y escrituras.

Y esa luz, viniendo de personas con quienes he compartido espacios de vida de distinto tenor, alcance e intensidad, y con proyectos que en alguno de los casos nos reúnen y proyectan, resulta aún mucho más comprometida y esclarecedora.

Marianicer Figueroa:

Con Marianicer he compartido varios espacios desde hace algunos años, desde escritos compartidos, hasta charlas, seminarios y lugares de construcción política y de acción social en donde nos convocamos para reinventarnos junto a Marx Gómez, el otro comunalizador de conocimiento. Fue especialmente bueno acompañarnos en los procesos doctorales que nos han ocupado los últimos años, y especialmente necesaria su mirada sobre lo dicho y escrito porque si algo compartimos es el sabernos en formación desde el activismo por el conocimiento libre.

Marianicer me pidió abordar varios aspectos que intentaré enunciar a continuación:

  1. ¿Cómo, en el lenguajeo entre actores locales (institucionales) el tema de las jerarquías de la micropolítica se superpone en la acción colectiva y cómo incide en la creación de conocimiento?
  2. ¿Cuáles serían los desafíos para las instituciones públicas en el lenguajeo que se propone como necesario a construir?

La respuesta, en el primer caso, intenté construirla a partir del relato sobre la experiencia en formulación de normativas y políticas públicas en pro de las tecnologías libres y del conocimiento libre. En esa experiencia, he interactuado con activistas con cuya causa me identifico y también con funcionarias y funcionarios al servicio del Estado.

Allí, comentaba, se ha hecho evidente que si un saldo dejan esas jerarquías dentro de la micropolítica de cada espacio, es el aprendizaje sobre lo operativo de esos espacios que no nos son siempre familiares o afines y, además, el aprendizaje sobre las tensiones y distensiones que ocurren, pues así deben hacerlo, entre quienes intervienen. Señalé no ver en esas tensiones un aspecto negativo, como solía verse sino, por el contrario, un aspecto positivo a identificar dentro de la formación ciudadana en la hechura de acciones de política.

En el ejemplo más reciente que nos reunió, la propuesta de una Ley de Acceso Abierto y Difusión Libre del Conocimiento, este aprendizaje se hizo aún más evidente en el intercambio ocurrido durante el trabajo con la Comisión Técnica y la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Asamblea Nacional durante el 2014 y 2015. Tal y como lo relaté, logramos identificar aspectos claves de la acción política marcados por el aprendizaje desde formas básicas de construcción de leyes, hasta la identificación del marco de referencia de las instituciones involucradas en el tema y de sus modos de acción política. Las tensiones emergentes derivadas de las jerarquías establecidas desde una comprensión de la pertinencia de actores, o la validación de sus actores y la percepción de las posibilidades de una interacción conjunta vinieron, sin lugar a dudas, establecidas desde la construcción de un sociolecto institucionalizado particular de actores políticos, según el cual vale más un aporte realizado por un/a docente universitario/a que por un/a activista lo cual, a su vez, resulta reflejo directo de una concepción hegemonizante del conocimiento y su rol social.

En este contexto, entonces, uno de los desafíos más importantes para las instituciones es, sin lugar a dudas, favorecer, propiciar y fortalecer procesos de aprendizaje institucional que logren subvertir las ideas

Alejandro Ochoa:

Con el Prof. Ochoa compartí hace algunos años la construcción y desarrollo del proyecto de Red de Aprendizaje en Desarrollo Endógeno, articulada por Fundacite Mérida. Fue el primer contacto que tuve con el desarrollo endógeno y significó el inicio uno de los más permanentes cuestionamientos sobre el desarrollo y sus aristas. De ello se derivó no sólo la experiencia de recorrer 16 de los 23 municipios del estado Mérida, sino la escritura de un libro y la reflexión posterior en torno al desarrollo como problema incorporándolo a mi experiencia como activista por el Conocimiento Libre y en los últimos años, a investigaciones en el campo del turismo.

El Prof. Ochoa, intentó hacer una reflexión sobre varios elementos que señaló como oscuros en el trabajo, porque no se veían y, quizás entonces, el reclamo era hacia su visibilización.

  1. La trampa que suponía el uso de dispositivos, vestidos con mácula de positividad, en discursos sobre conocimiento, política y economía. En ese sentido, su pregunta se centró en indagar ¿hasta dónde el trabajo presentado estaba atrapado en la búsqueda de dispositivos? Habló del desarrollo como trampa en el desarrollo endógeno, y del turismo como trampa también en su desarrollo discursivo.
  2. El hecho de que un espacio ontológico como el mostrado no ocurriera sin un espacio epistemológico.
  3. La necesidad de comprender que el término economía social del conocimiento no terminaba de resolver el tema del conocimiento libre.
  4. Y la más curiosa de todas las interrogantes , preguntar lo que a mi juicio “podrían pensar Dussel o Boaventura de Sousa Santos, sobre el libro presentado”. Con respecto a esta pregunta, confieso aún hoy sentirme en una suerte de “deuda de comprensión” pues no alcanzo a prever su propósito.

La primera pregunta la respondí poniendo en evidencia el hecho de que se hace necesario el uso de esos dispositivos para poder transitar en la comunicación. De alguna forma, comenté, el libro construye un esbozo sobre las limitaciones de términos como desarrollo y turismo. Sin embargo, resulta prácticamente inevitable construir un discurso que no recurra a términos que se hallan entrampados. En ese contexto, lo que corresponde es denunciar sus limitaciones y plantear su re significación.

Con respecto al segundo planteamiento, resulta evidente, alegué, que el ámbito del ser (lo ontológico) se perfila desde un espacio del conocer y del conocimiento (lo epistemológico). Algo que no sólo no se negaba en el discurso de los planteamientos hechos en el libro, sino que también se hacía evidente dentro del planteamiento de la exposición. No me es posible desvincular mi comprensión y el modo en que me aproximo al conocimiento, sin asociarlo a una forma en la que he devenido como sentipensante del activismo por su emancipación.

Con respecto a la tercera pregunta, efectivamente, sería osado pretender que la economía social del conocimiento, por si misma, puede dar cuenta de toda la fenomenología en torno al conocimiento libre, sin embargo, ayuda (mucho) a enunciar que hay todo un entramado económico que encierra dinámicas y factores productivos que inciden en el secuestro del conocimiento, de un modo artificial y, además, conducido.

Con respecto a la última interrogante. Resulta aún desconcertante. En todo caso, sigue resultándome, como dije durante la defensa, más alentador, conocer la opinión sobre el documento de aquellos/as que han estado cerca durante el proceso de su hechura.

Myriam Anzola:

La prof. Myriam ha tocado mi historia en distintos giros del universo. Con roces de mundos fugaces pero nunca indiferentes, he podido ir armando mi propia visión de cómo se logra tejer un proyecto en torno a la vida que con su obrar lo alimenta.

Myriam, como ella misma señaló en su introducción, plantea preguntas porque “los amigos están para ayudarse, y por eso se preguntan“, entre lo planteado, sin duda dos espacios de reflexión necesarios:

  1. ¿Cómo se vinculan los estudios abiertos con el conocimiento libre? señaló no creer que ocurría por la vía de la virtualización como se señalaba en ocasiones, y esperaba poder ver luces al respecto.
  2. Cómo puede construirse una ciencia, que también es escenario para las vocaciones locales, lo cual es necesario, según varios diagnósticos realizados, en especial uno local realizado por Fundacite Mérida hace unos 26 años, en armonía con un turismo que a ojos visto, no existe aún.

 La primera pregunta busqué responderla por la vía de la construcción de las comunidades de aprendizaje como espacios propicios para la cocreación pero que, lamentablemente, no escapaban de exhibir las mismas jerarquías de las relaciones interpersonales fundamentadas en el respeto por los títulos, que se presentaba en las universidades con programas de formación tradicionales. En ese sentido, abogué, la creación intelectual de todas las comunidades de aprendizaje debiera hacerse libre y emanciparse. La creación intelectual dentro de las comunidades de aprendizaje debiera abrirse a la libre remezcla y adaptación en cada espacio y en todos los espacios. La expectativa de que alguien organice la actividades dentro de las comunidades de aprendizaje, porque otros/as reconocen que sabe o tiene méritos académicos para hacerlo, es contrario a esta idea y es parte de las prácticas que hay que buscar revertir desde las propias comunidades de aprendizaje.

Con respecto a la segunda pregunta, queda claro que una de las primeras tareas a acometer es deslindar a la ciencia de su ataviaje elitesco, y comenzar a rehacerla desde el proceso extraordinario y excepcional que ahora es, para convertirlo en algo cotidiano e inherente al quehacer diario de todas y todos. En este contexto, además, la creación intelectual cambiaría totalmente la dimensión en la que ocurre y se expandiría al reconocimiento por parte de todas y todos, de aquello que se produce en cualquier ámbito cotidiano.

Por otro lado, considero que convendría iniciar la revisión, desde lo local, de aquello que nos reune y nos da unidad y sentido de comunidad. Desde ese espacio es donde las dinámicas de las conversaciones profesionales en torno al turismo que, como actividad socioproductiva, necesitamos es posible. Desde otro ámbito externo, cualquier avance para construir el sentido de una visión compartida sobre el turismo, carecería de impacto.

De la idea al libro.

Desde hace más de un año he estado escribiendo el libro con el que debería cerrarse formalmente el ciclo de formación en el Doctorado a través del Programa de Estudios Abiertos.

El próximo 28 de febrero, en pleno carnaval, presentaré también formalmente, el documento y las vivencias del camino que me ha conducido hasta él.

Si quieren, pueden revisarlo desde este enlace

¡Piensa para vivir, actúa para hackear!
Cada día, una acción procomún a la vez.

 

¿Quién le teme al PROEA?

Artículo originalmente publicado en Aporrea el 22 de febrero del 2016

 

La educación formal o al menos, lo que conocemos de ella y que nos la dibuja como el único medio para la obtención de un fin necesario (el título), está configurada sobre un modelo de aprendizaje que garantiza la permanencia de prácticas, hábitos y visiones de mundo hegemónicos en buena parte de las sociedades contemporáneas, y condicionan desde la inserción laboral de los individuos hasta sus relaciones interpersonales.

La educación formal, sus mecanismos e instrumentos de aprendizaje, sus pedagogías y sus fundamentos metodológicos se aplican como receta para el logro educativo, pese a las diferencias y particularidades de los distintos grupos a los que atiende, ignorando necesidades y características propias de éstos. Lo que conocemos de la educación formal: la masificación, la evaluación por demostración, la homogenización y la invisibilización de las diferencias, la implantación por vía de hegemonía no cuestionada de “verdades irrefutables de la vida”, la negación de la otredad y la divergencia y, finalmente, la normalización, en suma, de nuestros modos de aprender, socializar y habitar en sociedad, son componentes aceptados como “buenos” socialmente y vienen, incluso, reforzados desde las maneras en que se interactúa en familia, hasta las formas en que una persona se percibe a si mismo en un proyecto individual o colectivo. El devenir de la construcción social ha hecho que una parte importante de la sociedad valore positivamente y casi sin cuestionamientos a esta forma de educación, ignorando que sus factores más resaltantes son al mismo tiempo, el envés de su impacto en la sociedad, por la vía de la insuficiencia para responder a una sociedad diversa, variopinta, matizada y compleja. Cualquier persona que falle en los logros que este modo de comprender los procesos de aprendizaje ha impuesto, lleva sobre si, casi de modo irrebatible desde la razón dominante, el estigma del fracaso, la falta de esfuerzo y la desatención.

Desde la educación popular hasta las experiencias de educación y pedagogías alternativas, varias han sido las iniciativas de grupos y colectivos para contrarrestar una suerte de accionar de resistencia frente a la “normalización” de la educación formal. En nuestro país la experiencia es variopinta aunque, pocas han logrado engancharse tanto en el sentir de grupos de trabajadores y trabajadoras, profesionalizados/as o no, como la posibilidad de conjugar procesos de aprendizaje desde su experiencia vital y su quehacer laboral.

El Programa de Estudios Abiertos (PROEA), liderado en este momento desde la Universidad Politécnica Territorial Kléber Ramírez en Mérida, pero con réplicas tutoreadas a lo largo de todo el territorio nacional, construye alternativas para el reconocimiento de saberes adquiridos en la experiencia de vida, y también habilita la formalización de este reconocimiento en el contexto universitario. Queda claro que este planteamiento interpela de modo directo a las insuficiencias de la educación formal. Este programa, que busca identificar desde la práctica cotidiana todos saberes habilitados en lo individual y hacia lo colectivo, supone un proceso profundo de descolonización y emancipación del ser, al reivindicar que como individuo y colectivo nuestro devenir histórico manifiesto en intereses, búsquedas personales y profesionales y destrezas, se cifra en el (re)conocimiento de los saberes que hemos aprendido en espacios no formales y no aceptados de aprendizaje y formación.

El quehacer del PROEA ha permitido revelar un conjunto de razones, otrora invisibilizadas y naturalizadas, en primer término de la desescolarización, la limitada profesionalización entre personas extraordinariamente hábiles y sabias; y en segundo término, de lo que pueden suponer causas radicales de las insuficiencias de la educación formal y el impacto de estas insuficiencias en el devenir productivo de nuestra sociedad. Este programa supone, pues, un verdadero desafío a la racionalidad instrumental del quehacer pedagógico aceptado como “bueno” por quienes silencian sus preguntas ante el fracaso de muchos en la educación formal. Y este desafío a la racionalidad instrumental no cuestiona sólo las relaciones entre docentes y estudiantes en el marco de los espacios formales de aprendizaje, sino también desafía, aún sin proponérselo, la comprensión que sobre los procesos educativos y de formación, se hace desde las instituciones que los habilitan.

Hace unos días tuve el privilegio de asistir como testigo a una presentación de portafolios de integrantes de distintas comunidades de aprendizaje. En la presentación a la que asistí, observé razones familiares ancladas en ideas fuerza equivocadas sobre la necesaria “normalización” de la rebeldía, la diversidad funcional, y el ímpetu o la fuerza con que se cuestionan algunas formas de aprendizaje institucionalizadas en las escuelas, por ejemplo; o también amparadas en carencias financieras que, lamentablemente aún hoy, justifican el retraso en el aprendizaje individual.

Escuchar las autobiografías allí presentadas de boca de sus propios protagonistas sirvió para que se me revelaran, casi de modo efervescente, preguntas sobre las razones radicales por las cuales aún frente a los avances en la masificación de la educación gratuita a escala nacional, persisten fallas en la profesionalización y reconocimiento formal de saberes. Casi de modo instintivo me respondí a una pregunta no hecha: quienes temen al PROEA emergen desde espacios donde sienten una amenaza clara a la subsistencia institucional de un modo de formar. Recordé que en el año 1933, Walt Disney popularizó en Estados Unidos una tonadilla con una simple letra que animaba a tres cerditos a enfrentar a un feroz lobo que quería darles caza destrozando lo que consiguiera a su paso, incluso si era una casa. Con la frase “¿Quién teme a un lobo feroz?” que al son de un baile improvisado cantaban entre si los tres hermanos cerditos para animarse y acompañarse, se instaló en la simbología popular una versión revisada del clásico David contra Goliath.

Muchas de las preguntas que emergieron aún son un murmullo para mi y otras están en latencia. Pero una respuesta se me enrostra de modo fuerte y claro: el impacto en la generación de procesos de descolonización y de emancipación de individuos y colectivos, son suficientes razones para temer al PROEA. Estas razones se anclan en lo institucional, lo formal, lo que ha sido normalizado. Pero desde el PROEA, definitivamente, hay cientos, miles de razones evidentes para no temer enfrentar de modo claro y decidido esos miedos que ante la incertidumbre subsisten en cualquier espacio hegemónico, institucional y formal que defienda su subsistencia.

Recientes Semanas.

Desde hace algunos días, he iniciado una suerte de sprint para terminar de ajustar la redacción del libro. Con una fecha de cierre cercana, no queda otra opción que echar el resto.

Confieso que lo más complicado ha sido sacar el tiempo para hacerlo. Disfruto escribiendo en silencio y eso supone aprovechar las madrugadas que recientemente han sido particularmente frías en una casa excelentemente pensada para conservar la frescura.

Algunas de esas madrugadas han sido de reconfortante escritura con dos suéteres, doble media, pantalones abrigados y un buen café sin azúcar para ayudar a conservar el calor y, afortunadamente, el hecho de escribir ha ayudado a conservar el ánimo de hacerlo.

Creo, por tanto, que es momento ahora para pensar un poco sobre las herramientas de tecnología que he venido utilizando, en especial en el último año largo, para registrar todo el diseño del libro. Incluyo aquí un extracto de las notas finales del libro.

Aunque pueda parecer algo de carpintería y de importancia menor, lo muestro porque considero que no sólo ha sido parte de mi aprendizaje, sino que puede ser de utilidad para alguien que, como yo, emprenda una tarea similar de escritura en varios tiempos.
Pese a que, como tutora, me he encontrado en dos ocasiones con personas que gustan de escribir a mano y luego transcribir lo que redactan, con mucha más frecuencia me encuentro con personas que utilizan computadoras o tabletas como su principal instrumento de escritura de documentos. Sin embargo, cuando comenzamos a escribir algo, hablo desde mi experiencia, y aunque cada quien tiene su propia manera de llamar, atraer y retener la inspiración, lo cierto es que no siempre ésta nos ocurre cuando tenemos a mano las herramientas para escribir., o nos ocurre que modificamos el texto que vamos escribiendo una y otra vez, pero no sabemos exactamente en cual documento digital está recogida la última versión de lo que hemos escrito. La siguiente caricatura de Albert Montt(http://dosisdiarias.com) ilustra lo que conocemos bien sobre el típico manejo de versiones por parte de quienes escribimos pero no sabemos de organizarnos.
Fuente: Montt (2012)
Finalmente, a veces sucede que trabajamos desde varios lugares sobre el texto que estamos escribiendo y nos lo enviamos por correo o grabamos en una unidad extraíble las innumerables versiones del documento y sus respaldos. Yo no he estado exenta de padecer estos problemas y por ello, además de querer hacer este libro, he querido aprovechar herramientas de escritura de texto y de control de versiones más propias del desarrollo y documentación de software, puesto que, realmente, las considero con un papel determinante en la ardua tarea de enfocar las sesiones de escritura y de aliviar la tarea de seguimiento de los cambios realizados.

En primer término, confieso que trabajo en ambiente Linux. No es algo heroico, es una convicción vital que como activista busco llevar a sus últimos términos. En esos términos, en lugar de utilizar un procesador de textos tradicional de software libre, me decidí a utilizar Lyx (http://lyx.org).

Esta es una herramienta que me permite dos cosas deseables para mi en un documento de este tenor: primero, tener una maquetación diferente del libro resultante y en segundo lugar, enfocarme en escribir en lugar de estar combatiendo los problemas típicos de una edición de texto improvisada como por ejemplo quitar numeración en la primera página, cambiar numeraciones entre páginas introductorias y de contenido o insertar las secciones en donde deben ir. Sin embargo, el camino del uso de Lyx no ha sido fácil. Ya tenemos más de un año de andadura juntos y, aunque ambos hemos pasado varias veces por terapia, ya creo que envejeceré con él. A mi me sirve perfectamente para lo que quiero hacer que es escribir con un formato depurado y bonito sin mucha complicación.

La tarea de manejar e introducir la bibliografía en un formato que me guste, sin embargo, ha sido una tarea que ha demandado un proceso de desaprendizaje y reaprendizaje que intentaré explicar a continuación. Aunque desde hace ya varios años utilizo a nivel muy básico herramientas como Calibre (http://calibre.org) que es un gestor de bibliotecas y documentos digitales, y Mendeley (http://mendeley.com) que no es libre aunque tiene una versión abierta para linux, confieso que nunca he tenido el hábito de armar la bibliografía de forma metódica, registrando las referencias con todos sus componentes apenas localizo la información requerida. De modo que, al trabajar con Lyx, he debido reprogramar este (mal) hábito de dejar para el final el registro de las referencias y, sinceramente, ha sido un trabajo aún inconcluso y casi tan laborioso como la escritura misma del libro, amén de que ha sido mucho menos ameno.

En segundo lugar, para asegurarme de no tener muchos archivos con la última versión revisada del documento, decidí apoyarme en un servicio de manejo de versiones de repositorios llamado Gitlab (http://gitlab.com). Aunque no es frecuente que se utilice esta herramienta para control de versiones de documentos de texto, decidí que sería una buena ocasión para aprender el manejo de control de versiones y, además, garantizar que escriba desde donde escriba, podré tener acceso a la última versión del documento. Con Gitlab cada vez que se ha realizado una modificación en el documento del libro, he señalado los cambios realizados y lo he actualizado en el repositorio privado que creé para ello.

Finalmente, he intentado llevar un diario, aunque bastante inconsecuente, de mi portafolio y del curso del libro, a través de un blog (http://www.libreconocimiento.org.ve), disponible desde una instalación propia de WordPress (http://wordpress.org). Allí he colocado mi portafolio personal, preparado en el marco de los estudios doctorales. Allí también he colocado algunas cosas que iban nutriendo, desde la periferia, este documento y su sentido como citas y artículos sueltos.

Una última herramienta me ha mantenido escribiendo. Conocí 750words (http://750words.com) hace unos seis años, aunque a ratos me ha mantenido escribiendo de continuo, a comienzos de este año asumí como reto, la escritura diaria de 750 palabras. No siempre las he podido completar en un único día, y no siempre han tenido que ver con este libro, pero el recordatorio diario de que he sido constante, al menos en las últimas semanas de trabajo, me ha mantenido y ayudado a avanzar en la generación del hábito.

Este libro no es un texto sobre herramientas de software para quien escribe, cosa que bien podría ocupar un extenso libro distinto a éste, pero éstas páginas sirven para exponer aquellas herramientas que han sido una decisión pertinente y meditada a lo largo de su realización. Algunas decisiones sobre las herramientas han condicionado, incluso, meta aprendizajes sobre la escritura y la investigación, otras han permitido ganar confianza y soltura en los tiempos de más demanda en dedicación al texto. En todo caso, queda por escrito mi “fórmula” esperando que a alguien pueda ser de utilidad reutilizarla y mejorar la combinación.

Por una Malla Curricular

Por lo que he visto, la apertura a las formas dentro de los procesos de aprendizaje plantea, en especial en estudiantes adultos/as, un temor latente acerca de estarlo haciendo del modo correcto o no.

El temor a equivocarse emerge de su latencia cuando somos expuestos/as al otro/a en nuestro modo de pensar, creer, y percibir el mundo. De ese modo nos proyectamos siempre, sin embargo, el quedar abiertos a nuestros/as compañeros/as de aventura en el Programa de Estudios Abiertos (PROEA), desde la construcción de la autobiografía, resulta en ocasiones un acto de desnudez muy arriesgado para quienes han estado conformes con la coordinación de las actividades formativas por parte de las instituciones.

Si el acto de construir la autobiografía es un acto singular de valentía, cuyas consecuencias y repercusiones en la proyección desde el conocer hasta el ser, la articulación de una Malla Curricular, es el epítome de la autonomía de aprendizaje, pues debe dar respuesta conforme a esa autobiografía y a la proyección de cómo se quiere transitar la ruta hasta el cierre de ciclo.

Como todo acto de autonomía, encierra una rebeldía evidente ante lo formalmente aceptado y tolerado, representado en este relato en los estudios formales de pre y post grado, y requiere también de un reconocimiento y aceptación de lo que nos es propio e inherente a cada cual.

Si en la autobiografía nos desnudamos para mostrarnos a quienes nos acompañan en la comunidad de aprendizaje, la construcción de la Malla Curricular es como ir de compras y buscar qué queremos vestir. Parte de lo que vestiremos es, en buena medida, lo que hemos venido siendo, nuestro devenir como seres en formación permanente. Usaremos a partir de allí, algunas indumentarias que sacaremos de nuestros escaparates personales donde, seguramente, yacen muchos conocimientos de matemáticas que se anclaron en nostros durante las interminables jornadas de hacer hallacas en familia, o de visitar, sembrar y cosechar el campo, para quienes hayan tenido esa fortuna, junto a saberes intrínsecos de manejo de incertidumbre y relaciones grupales atesorados luego de años de gestiones administrativas diversas o compras en mercados a cielo abierto.

Todo lo que somos y hemos sido, puede entrar en la Malla Curricular.

Lo interesante es que, mientras como participantes del PROEA, postergamos su construcción hasta estar “listos/as”, en el fondo me convenzo que la Malla Curricular (a la que tanto tememos también), es apenas un tamiz que resulta insuficiente para dar cuenta de todo lo que hemos sido.

Entonces, sin pretender que la que he venido armando para mi es la mejor, luego de armarla y de ver su insuficiencia como único instrumento para describir lo que quiero que me nombre en adelante, debo decir que me siento como cuando de niña temía a figuras enormes de mostruos con armas que se dibujaban frente a mi cama en noches de fiebre alta por amigdalitis.

No eran monstruos, eran apenas sombras que la cortina dibujaba.

La Malla Curricular, creo, es un instrumento. Como parte del andamiaje del PROEA, siempre es mejor tenerlo que no tenerlo. Como parte del proceso de formación de un ser que adquiere una suerte de autonomía pedagógica, pues se hace dueño y copartícipe central de su proceso de aprendizaje, no es un instrumento cualquiera. Es un instrumento que revela desde el comienzo la intencionalidad que lleva: trazar en un dibujo formal lo que se ha sido y facilitar la autoidentificación de espacios donde nuevos procesos de aprendizaje tengan lugar.

En el marco del Motor de Telecomunicaciones e Informática.

El pasado viernes 8 de julio, participé en una actividad del Motor de Telecomunicaciones e Informática, realizada en el auditorio de CANTV en Caracas.

El propósito de esta actividad fue evidenciar algunos avances en acuerdos y tareas organizadas desde la coordinación del motor en el marco de la Agenda Económica Bolivariana.

Debo decir que con los compañeros y compañeras que he compartido expectativas y percepciones sobre el modo en que se ha perfilado el trabajo realizado, hay bastante coincidencia acerca de la realidad evidente: una marcada pauta establecida por las empresas privadas y pública de telecomunicaciones del país en aras de atender necesidades inmediatas, y una tarea aún por hacer en torno a cómo hacer que las telecomunicaciones apalanquen al sector de tecnologías libres en nuestro país.

A continuación transcribo mi participación:

Quisiera comenzar por recordar a dos grandes y decir en palabras de Eugenio Montejo que, por culpa de Chávez “el mundo se giró nuevamente para juntarnos de nuevo en este sueño”, este sueño que, de alguna manera debo decir, reúne a comunidades de software libre con el ministro Arreaza en una segunda oportunidad en un tiempo bastante corto.

Creo que debemos destacar lo que para nosotros y nosotras como activistas y accionantes del quehacer de tecnologías libres, es también es importante y es la existencia de este motor. Un motor de telecomunicaciones pero también es un motor de tecnologías de la información y la comunicación. Resulta determinante destacar esto porque es una muestra indiscutible de la decisión y la política gubernamental de apoyar e impulsar las tecnologías de información libres (TIL) como ese espacio dentro del Motor de Telecomunicaciones e Informática que puede hacerse efectivamente productivo en el cortísimo plazo y, además, de muchas formas.

En segundo lugar, debo decir que para mi es una enorme responsabilidad poder participar acá como vocera de una comunidad que durante más de quince años ha dado respuestas, como bien adelantaba el Ministro Arreaza. Respuestas muy concretas, nada más basta decir algunas de las cifras que se mencionaban antes: casi cinco millones de Canaimitas, casi cinco millones de potenciales desarrolladores y desarrolladoras de software libre que estarán haciéndolo en un abrir y cerrar de ojos. Casi cinco millones de personas que, como bien decía la presidenta de Movilnet hace unos minutos, necesitan contenidos: no podemos ser consumidores de contenidos debemos ser generadores de contenidos. Y allí hay un espacio clave donde las TIL pueden dar respuesta en el cortísimo plazo.

Pero creo que antes de avanzar, debemos recordar a Chávez. Chávez, y pido disculpas por tratarlo con tanta familiaridad, pero creo que hubo un giro excepcional del universo que nos permitió vivirlo. Y nos permitió vivir a Chávez como el hombre que a nivel regional tuvo LA visión de TIL y avanzó sin cesar en un marco legal que hiciera posible que no solamente el Estado dejara de invertir cuantiosos recursos en el pago de licencias de software, sino que también se desarrollara un sector a nivel nacional que pudiera, además, democratizar la producción en esta área. Y creo que es importante recordar, sólo por citar un ejemplo de algunas cosas que la derecha olvidó, que nuestro país fue pionero en algo que se llama “wiki-legislación”. Los procesos de consulta pública de un número importante de leyes a nivel nacional hasta el año pasado, se hicieron a través de herramientas libres, que permitían la participación y la deliberación que es una de las bases fundamentales de cualquier sistema democrático, de manera asíncrona y a nivel nacional.

En estos años, las tecnologías libres han dado resultados concretos. Han sido el escenario de resultados tangibles que han apoyado soluciones tangibles a problemas cotidianos, y quizás allí reside una de las principales ventajas y potencialidades de apoyar de una manera directa, concreta y específica, con “acupuntura” pienso yo que podría decir el Presidente, al sector de TIL. Las Canaimitas no operan solas, operan con un software que ha sido creado en nuestro pais. Pero además, nuestros equipos de escritorio producidos por la empresa VIT, operan con un Sistema Operativo también desarrollado en el país, hay empresas públicas que en este momento trabajan con sistemas de gestión administrativa que han sido desarrollados bajo criterios de software libre, adaptados y contextualizados a nuestra normativa legal vigente. Y esto, que digo rápido, no es fácil de hacer para un sector que teniendo todo el marco legal constituido, ha quedado en deuda con un impulso determinante por parte de empresa privada y empresa pública.

Hoy en día nos encontramos con una realidad concreta que es ineludible. No solamente la guerra económica, el ciclo económico mismo propio de nuestro país como monoproductor fundamentalmente de petróleo, hace que debamos administrar recursos escasos. En un contexto de la administración de recursos escasos, también la tecnología libre tiene mucho que decir.

La ciencia y la tecnología son herramientas concretas para quienes desarrollamos y socializamos las tecnologías de información libres. La investigación es un hecho cotidiano. No necesitamos realizar un paper. Estamos revisando en todo momento, cómo podemos adaptar tecnologías y soluciones ya establecidas, a nuestros contextos, nuestras realidades y nuestros problemas. Las TIL ayudan en la solución de cosas tan simples y ayudan no porque sea un deseo, sino porque efectivamente es así ya, como la gestión de una denuncia: el Ministerio Público es ejemplo de ello. Pero, además, debemos recordar un ejemplo tangible, explícito y muy claro de una realidad muy similar a la nuestra, ocurrida hace 44 años. Año 1972, el Chile de Allende. No se nos escape el contexto de guerra económica en el que estaba envuelto. No hablábamos de software libre, sin embargo, un sistema de gestión organizacional llamado Cybersin fue el que pudo dar respuesta a una huelga de 40mil transportistas que evitaba que los alimentos fueran distribuidos en Santiago de Chile. Gracias al Cybersin repito, no era el software libre manejado con las tecnologías, la plataforma y la metodología que contamos hoy en día, se posibilitó organizar la distribución de alimentos con sólo 200 camiones. ¿Nos suenan los CLAP? ¿Nos suena la guerra económica?.
Las TIl son ese espacio en el que soluciones a cosas tan determinantes y cotidianas como esas, pueden ocurrir. Era 1972 y eran 12 años antes de que comenzáramos a hablar de software libre a nivel mundial, pero era software libre contextualizado al servicio de la sociedad.

Hoy día la gestión del Estado venezolano, debe enmarcarse en una política, me permito decirlo, agresiva, de liberación de datos y de datos abiertos. No hablamos de vulnerar el derecho al secreto estadístico, hablamos simplemente de datos para la planificación. Si algo es socialismo es economía planificada y si a algo puede responder el software libre es a las necesidades que plantea la economía planificada. Si algo nos reúne en torno a estos motores es planificar nuestra economía.

Un ejemplo nos ayuda a darnos cuenta del potencial y el valor del impulso de un sector como el de tecnologías de la información. Es del contexto regional. El 40% de las exportaciones de un país con la población equivalente a la Gran Caracas como Uruguay, proviene de exportación de tecnologías de la información. Eso no es poco. Esa exportación y ese volumen de exportaciones se sustenta en el uso de las telecomunicaciones como la plataforma de servicio, sobre la cual las tecnologías de información libre pueden ocurrir.

Pero, además, si esto les parece poco y no les he convencido hasta aquí, digamos que las tecnologías de información libres plantean un modelo de negocio distinto. No es que somos “cuerpos gloriosos” que no comemos. Comemos, tenemos hijos, tenemos casas y tenemos deudas que pagar. Pero el modelo de negocio es distinto, mucho más solidario y más humano y hace posible reivindicar que el conocimiento es genuinamente libre. ¿Escucharon a Chávez en la inauguración de CENDITEL? “El conocimiento es libre como el aire y como el viento”, así es el conocimiento.

Grandes retos tenemos en este momento y desde la comunidad de software libre y de tecnologías libres, hemos entendido  que es el momento de emprender tareas en conjunto con empresas privadas y con el Estado, como siempre hemos estado en disposición de hacerlo. Es el momento de fortalecer espacios de co-trabajo. Porque contamos con talento para desarrollar soluciones pertinentes para el país.

Tenemos la firme convicción de que para hacer social al conocimiento, porque no basta con hacerlo libre, no basta con reivindicar su condición de genuinamente libre, tenemos que hacerlo social, y para ello debemos, además, liberarlo del secuestro en el que permanece. No en vano, en ese marco legal que tanto ayudó a construir y avanzar nuestro Presidente Chávez, se habla de un espacio de transición durante el cual tenemos el mandato en las comunidades de software libre a desarrollar herramientas que puedan sustituir software privativo que en este momento se utilizan en el Estado, con aportes equivalentes a un porcentaje de los gastos de licencias.

Debemos entonces liberar al conocimiento y hacerlo social, sacándolo de ese secuestro de licencias y patentes, pero además tenemos que abrirlo a todas y todos. Decíamos antes que hay cinco millones de potenciales desarrolladoras y desarrolladores, y si a algo han ayudado las tecnologías de información libres en el país, es a visibilizar. Visiblizar el que no escucha, a quien no ve, visibilizar a la mujer. Cada vez más, mujeres preparadas están ocupando puestos importantes de dirección de tecnologías de información libres en nuestro país, y eso no es un avance pequeño.

Nuestra sociedad debe trascender la idea de la economía del conocimiento. Tenemos que trascender a una economía social del conocimiento. No es lo mismo hablar de un conocimiento que tiene valor de intercambio, a un conocimiento que, como reivindicamos, dado que es libre tiene un valor profundamente radicado en el uso que hacemos de él. Tenemos que aprender a generar información, indicadores tangibles de este sector. Queremos saber qué es lo que estamos haciendo, queremos saber de esas cinco millones de canaimitas cuáles son las aplicaciones que más se utilizan, cuáles son los contenidos que más son consultados, queremos saber en las tabletas entregadas a jóvenes universitarios, cuáles son las herramientas más utilizadas en el hecho cotidiano que es el proceso de aprendizaje, cuál es el impacto en estos jóvenes y sus inquietudes y si, efectivamente, ocurren inquietudes en ellos para seguir nutriendo ese espacio, ese instrumento que es la tablet.

Las tecnologías libres atienden, resuelven y visibilizan. Son efectivamente la clave para la operativización económica del socialismo. Lo decía antes, las TIL son la clave de la economía planificada y el socialismo es economía planificada. Pero, además, si decían antes que este motor es el motor que los une a todos, debemos decir con propiedad que las TIL son un hilo fino pero resistente capaz de juntar todos los aportes de los motores productivos dentro de la Agenda Económica Bolivariana, para dibujar una nueva matriz productiva.

Nopodemos entender el impulso del sector agrícola, sin involucrar las tecnologías de información libres para que podamos hacer un seguimiento efectivo de la producción, de la plaga, un control efectivo de los invernaderos utilizados, un control efectivo de todo cuanto ocurre en nuestro país a través de la construcción de indicadores y a través de la aplicación de tecnologías de información libres.

No es el tiempo de intentos, es el tiempo para poder impulsar este y todos los motores. Definitivamente la utilización de las tecnologías de información libres es una pieza importatísima en ello, pues debemos posibilitar que se conviertan en el alimento y el sustento productivo del país.

Muchas gracias.

La Educación y el Conocimiento como bien común: más preguntas que respuestas

Mi hermana Marianicer Figueroa, escribió en Otras Voces en Educación,  este extraordinario artículo que hoy comparto con ustedes esperando que lo disfruten tanto como yo.

Algunas reflexiones sobre el documento de la Unesco “Repensando la Educación como bien común”

El aire, la biodiversidad, el genoma, el lenguaje, las calles, Internet… Los comunes no nos rodean: nos atraviesan y constituyen, nos hacen y deshacen. De todos y de nadie, sostienen el mundo, son el mundo. En el cuidado y enriquecimiento de los comunes nos jugamos la vida misma. Es un asunto demasiado importante como para dejarlo en manos del Estado o del mercado. Nuestro desafío es hacernos cargo en común de un mundo común.  David Bollier

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Respondiendo al llamado que nos hiciera la Red Global Glocal por la Educación para analizar el texto publicado por la UNESCO denominado Replantear la educación: ¿Hacia un bien común mundial?, comparto a continuación algunas consideraciones sobre el texto en aras de aportar al debate mundial que sobre el mismo se está desarrollando, y en específico sobre el apartado en el que se insta a asumir a la Educación como Bien Común Mundial.

De antemano, debo identificar que lo que leerán aquí son palabras y reflexiones encarnadas que les comparto como activista por la Difusión Libre y el Acceso Abierto del Conocimiento, de allí que el hecho que la UNESCO esté llamando a que se reconozca al Conocimiento y a la Educación como un Bien Común Mundial, me interpela causando de antemano satisfacción y complacencia en tanto que los posiciona como un patrimonio colectivo al que todos y todas en el mundo tenemos el derecho de acceder sin restricciones.

Esta invitación al debate que nos hace UNESCO, tiene grandes consideraciones políticas, ideológicas y económicas que son necesarias revisar y adaptar al ámbito propio de la educación, sin embargo de manera inmediata podemos decir que implica atribuirle tanto al conocimiento como a la educación tres características claves para determinarlos como un bien común:

  • Son de uso colectivo y por ende pueden ser utilizados por todos y todas.

  • Son transgeneracionales1 lo que implica que no pueden ser gestionados en términos de racionalidad individual ni tener como objetivos las “ganancias”.

  • No pueden ser ni propiedad privada ni pública, lo que conlleva a que debe buscarse una forma de “propiedad comunitaria”, decisión también colectiva y mundial cuya administración se realiza de manera conjunta, desde una perspectiva de responsabilidad colectiva

Con el reconocimiento de estas tres características como atributos del conocimiento y de los procesos para su creación, gestión y apropiación, se hace esperanzador el horizonte para quienes defendemos a la Educación como Derecho Humano al comprender que la condición como bien común implica un freno de la tendencia a la privatización de los bienes públicos asociados a la educación, así como también un freno a la exclusión de las y los ciudadanos en la toma de decisiones sobre el destino y uso de los mismos. De igual manera posibilita la renovación y recuperación de una lógica solidaria para desarrollar nuevas formas de colaboración, gobierno y acción colectiva que en palabras de David Bollier (2008) trae consigo otro paradigma para la acción política con el cual puede proporcionarse un modelo alternativo con el cual propiciar un mayor equilibrio entre preocupaciones económicas, sociales y éticas, modelo que en el marco de las realidades actuales que nos cercan, no puede más que entusiasmar.

Conviviendo con este entusiasmo, aparecen de manera inevitable preguntas más que respuestas, así como preocupaciones ante la complejidad que trae consigo tratar de hacer nacer un nuevo modelo de gestión de la educación, en un contexto en donde el mercado avanza cada día más como instancia que decide y rige los destinos de todos los derechos humanos que tenemos. Para aliviar la tensión que ello causa, a continuación la mirada inicial, siempre precaria, que al respecto he logrado construir a pesar de mi formación humanística y la poca experticia en el ámbito económico desde donde se analiza los bienes comunes.

El concepto de «bienes comunes» viene posicionándose como tema de investigación desde que en el 2009 fue objeto de reconocimiento por parte de la comunidad científica internacional a través de la concesión del Premio Nobel de Economía a la politóloga norteamericana Elinor Ostrom (1933-2012) por su trabajo sobre el El Gobierno de los Bienes Comunes cuya tesis fundamental se sintetiza en la idea que no existe nadie mejor para gestionar sosteniblemente un «recurso de uso común» que los propios implicados (1995: 40). La labor investigativa de la profesora de la Universidad de Indiana recoge múltiples experiencias, muchas de ellas registradas de experiencias en iberoamericana, que demostraban que la existencia de espacios y bienes comunales, sin atribución de propiedad específica a un(os) usuario(s), no conllevaba inevitablemente la sobreexplotación de los recursos y la pérdida y erosión de ese patrimonio, debido a que los individuos que acceden a un bien colectivo (motivados por su propio interés) contribuyen y se comprometen con su mantenimiento y desarrollo. Con su planteamiento Ostorm daba respuesta con su planteamiento a la influyente obra de Garrett Hardin (1968) quien situó a la gestión de los bienes comunes como un proceso asociado a un sobreconsumo incontrolable que inevitablemente termina acabando en tragedia.2

El término “bienes comunes” del inglés commons, en la cultura anglosajona se trata de una categoría histórica que para muchos autores no tiene equivalente estricto en el idioma español. Por su parte Ariel Vercelli señala que históricamente, lo “común” ha estado referido a aquello que surge de la comunidad y, por tanto, estos bienes pertenecen y responden al interés de todos y cada uno de sus miembros, comuneros o ciudadanos (Rubinstein, 2005). Como tales, redundan en beneficio o perjuicio colectivo y se encuentran en permanente tensión frente a las posibles apropiaciones o cercamientos que puedan tener por otros individuos, corporaciones comerciales o Estados (Hardin, 1968; Ostrom, 2005, Boyle,2008).

A fines de este texto, utilizaremos la definición de la Asociación Internacional para el Estudio de los Bienes Comunes (IASC por sus siglas en inglés), que concibe provisionalmente a los commons como aquellos bienes compartidos cuya uso sostenido y gobernanza (palabra con la cual no me siento muy cómoda), requieren acción colectiva. Estamos refiriéndonos a bienes, recursos, que más allá de la propiedad o de la pertenencia, asumen, por su propia vocación natural y económica, funciones de interés social, sirviendo directamente los intereses, no de las administraciones públicas, sino de colectividades y de las personas que la componen.

Si bien el análisis de Hardin, identificando “commons” con “tragedia” ha tenido efectos persistentes, en el sentido de considerar como utópico, irrealizable y poco eficiente cualquier alternativa que busque una forma de organización social distinta al binomio mercado-estado, el modelo de bienes comunes ya funciona en diferentes ámbitos. En el caso de los educativos buenas e inspiradoras noticias de su buen funcionamiento la vemos en los sistemas sociales de comunicación académica, en los repositorios de programas realizados con software libre, en el trabajo de las bibliotecas de investigación de acceso abierto, y en el modo en que las comunidades científicas producen y difunden sus investigaciones sin restricciones, bajo modelos de investigación abierta.

Los bienes comunes de la ciencia y las comunicaciones académicas antes mencionados, suelen consistir en bienes no rivales (a nadie se le puede privar de él) y no excluibles (no hace falta entrar en competencia con los demás para tener acceso a él) que pueden ser utilizados y compartidos por mucha gente sin agotar el recurso, característica que algunos comentaristas han denominado como la cornucopia de los bienes comunes, según la cual a las mismas tienen más valor en la medida que mucha más gente utilice el recurso y se una a una comunidad social. “El principio operativo es «cuantos más, mejor». En realidad, el valor de una red telefónica, de una bibliografía científica, de un programa de software de código abierto aumenta cuanta más gente participe en la empresa, un fenómeno que los economistas denominan «efectos de red”. (Hess y Ostrom, 2016, p. 59)

Desde esta perspectiva atribuirle como acuerdo global mundial la noción de bien común al conocimiento, implicaría enfrentar las lógicas desarrolladas por el “Capitalismo Cognitivo”3, desde donde se le ha otorgado al conocimiento cultural, humanístico, artístico, científico y tecnológico trato como mercancía, fortaleciendo y potencializando para ello marcos regulatorios sobre la propiedad intelectual e industrial, en conjunción con una “demanda” de conocimiento formulada desde los grandes centros de poder que procuran modos de privatizarlo en función de los beneficios que su escasez trae consigo. Las consecuencias de este secuestro han sido nefastas para el desarrollo de los pueblos, más aún cuando los ámbitos en los que aparece con mayor fuerza, como la salud, la alimentación y la educación, son de interés prioritario para superar la condición vulnerable de la humanidad.

Ante esta realidad, se asoma como un muy buen síntoma para el mundo que la UNESCO se sume y ponga en la palestra mundial la denuncia de la tendencia actual a la privatización de la producción, reproducción y difusión del conocimiento, cuando señala que: (la cita textual larga interlineado sencillo a continuación)

“El conocimiento está siendo gradualmente privatizado por ley, y más concretamente por el régimen de Derechos de la Propiedad Intelectual, que domina la producción del conocimiento. La privatización progresiva de la producción y reproducción del conocimiento es evidente en la labor de las universidades, centros de investigación, empresas consultoras y editoriales. Debido a ello, se está privatizando en la actualidad buena parte del conocimiento que consideramos un bien público, y que nosotros estimamos que forma parte de los bienes comunes” (UNESCO, 2015, p.84)

Mejor síntoma aún es que proponga como línea estratégica para garantizar el derecho a educarse, que se devuelva a la humanidad lo que le corresponde, de manera que se le garantice el acceso universal y equitativo para todos y todas a una información puntual, correcta y acreditada, incluyendo muy especialmente en ese todos al Sur global.

Al respecto es muy importante resaltar que lo que puede parecer teoría e inclusive utópico, ya es acción concreta y vida en centenares de instituciones académicas y científicas a nivel mundial, e inclusive países, que de forma explícita han generado mandatos y políticas4 que obligan a que toda la creación intelectual financiada por fondos públicos sea de difusión libre y por ende publicada en repositorios digitales, para que sea de consulta y uso de todas y todos.

Ahora bien, al igual que el conocimiento la invitación de la UNESCO es también sumar como bien común la gestión de los procesos y las instituciones que aseguran la creación, acceso y apropiación del conocimiento, proceso que implica una gran complejidad en tanto que al incluir en la gobernanza de la educación recursos tangibles cuya utilización por unas personas puede limitar su uso por parte de otras, requiere de claras reglas y del compromiso de todas y todos los involucrados.

La característica de este tipo de bien común, denominado también “Recursos de uso común” es que pueden ser agotables, rivales y escaseables5, así como también pueden llevar consigo altos costos de exclusión, si estos no están sujetos a reglas que contienen un manejo responsable de ellos para evitar su agotamiento y/o depredación, y de reglas justas para su acceso. Al respecto señala Ostrom:

“Los recursos comunes pueden ser considerado como cualquier tipo de recurso (natural o de otro tipo) sujeto a formas de uso colectivo, para el que la relación entre el recurso y las instituciones humanas que media la apropiación son un componente esencial del régimen de manejo” (2005, p.132)

Desde esta perspectiva pensar en la educación como bien común amerita de un modo otro de los procesos de definición, gestión y evaluación de las políticas y el desarrollo del proceso educativo, incluyendo aquellas referidas a su financiamiento, en donde todas las partes involucradas, requieren articularse en una empresa social colectiva, como lo propone la UNESCO, para poder garantizar por una parte el derecho a la educación de todas y todos y por otra el alcance de las metas que a ésta le han atribuido en los marcos jurídicos de cada país.

Ante este planteamiento, la primera pregunta que surge es ¿Quiénes conformarían esa empresa social colectiva?, ¿Qué rol tendría en ella el estado, las y los educadores, padres, madres, los organismos internacionales, la empresa privada, el mercado y las comunidades en las que se ubican estas instituciones educativas? ¿Si la gestión de la Educación será desde una empresa social común, a quién le corresponderá financiar la educación en un escenario en donde la responsabilidad primera de los estados en la administración de la educación pública tropieza con una oposición cada vez mayor, con demandas de reducción del gasto público y una mayor participación de agentes no estatales ? ¿Que la educación deje de ser un bien público para pasar a ser un bien común debilitaría el rol del estado como garante de la educación? ¿Podría considerarse esto como una forma de privatización?

Lamentablemente para las posibles expectativas de quienes leen estas líneas, éstas y muchas otras preguntas que al respecto surgen, no tienen aquí ni en el documento de la UNESCO respuestas precisas y detalladas, sin embargo alrededor de las mismas comparto comentarios-preocupaciones al respecto.

Pensar en la gestión de la Educación como recurso de uso común, trae al tapete diversas alertas. Algunas son propias del ámbito de los bienes comunes, alertas que ya han sido estudiados y advertidos por diversos autores, al hacer referencia a los dilemas6 propios del uso sostenido de un recurso cuya apropiación colectiva podría afectar las capacidades productivas de los sistemas, si se imponen la competición por el uso, el aprovechamiento abusivo de aquellos que utilizan el bien común sin contribuir a su mantenimiento y/o la sobreexplotación excesiva del mismo.

Para evitar que ello suceda Mario Fagiolo (2012)7, citando los aportes de autores como Ostrom y Hess, sostiene que bajo las condiciones adecuadas8, los “bienes comunes” pueden ser “bienes sostenibles”, siempre y cuando los actores, impulsados por el espíritu de cooperación, cambien voluntariamente el enfoque del juego: de “suma cero” a “suma positiva” (ganar – ganar) de manera que en lugar de actuar con base en la búsqueda del máximo beneficio, elijan conseguir el beneficio óptimo, donde no hay perdedores y todos pueden salir beneficiados.

Esto se canaliza y cristaliza con la definición colectiva y consensuada de normas apropiadas de funcionamiento y monitoreo, de mecanismos eficientes y eficaces para la resolución de conflictos lo que en otras palabras implica la construcción de instituciones humanas, informales o formales, que garanticen su reproducción natural o social de los recursos comunes, con un modelo de gestión congruente con las características propias del bien del que se trata: si el bien es común también la planificación y la gestión deben serlo.

Sumado a esas preocupaciones propias de la gestión de los bienes comunes, aparecen también interrogantes y preocupaciones propias de la educación en cinco grandes temas a saber: su financiamiento, la definición de su fin y forma de gestión, su evaluación, la formación de la ciudadanía para asumir acciones de co-gestión y la participación que el estado, el mercado y los organismos internacionales tendrán en el desarrollo de las macropoliticas para el bien común en tiempos en donde cada día son más las presiones que existen para dejar en manos de los privados, la educación pública, ya sea por la vía de la privatización explicita o por la vía de la “privatización por defecto”9?

Al respecto, para muchos es conocida la explícita y poderosa influencia que hoy día tienen influyentes “edu-empresas” y “edu-emprendedores” en todo el mundo, que disponen de un enorme poder y recursos dedicados a socavar y eludir fondos del sector público. Las empresas y fundaciones privadas promueven y “venden” a los gobiernos cada vez más ideas en materia de políticas, tales como la elección de la escuela, la competencia, la rendición de cuentas, la estandarización de pruebas y planes de estudios, la evaluación de la pedagogía y de los docentes, tal como está reseñado en diversos artículos, entrevistas y textos diversos publicados en OVE, del que resaltamos el excelente artículo de Carol Anne denominado “Vender el derecho a la Educación Pública de calidad para todos

De igual manera son diversos los autores y movimientos sociales que denuncian que las instituciones diseñadas en 1945 en torno a las Naciones Unidas, también han mostrado sus límites, principalmente porque giran alrededor del estado y más concretamente de unos pocos estados que controlan el sistema entero. “Hoy a pesar de algunos logros la ONU sufre de una escandalosa carencia de fondos y está bajo presión, no tiene ningún medio de aplicación de sus resoluciones y en definitiva depende de la buena voluntad de los cinco miembros del Consejo de Seguridad que no tienen intención alguna de renunciar a su poder”10 (Blin, A y Blin G Marin, Abril 2012, p 19) Esta realidad también fue evidenciada en la denuncia realizada por mas de un centenar de académicos y pedagogos del mundo, por el giro economicista que en el 2015 tuvo el Foro mundial de Educación realizado por la UNESCO en Incheon, Korea; motivo por el cual emprendieron una campaña contra el Apagón Pedagógico Global, campaña reseñada en OVE.

En este contexto cada día más naturalizado e instituido, ¿Como dar el salto para la acción colectiva real en la asunción de la gestión de la Educación como Recurso de uso común a sabiendas que los políticos y expertos no pueden diseñar o construir comunes desde arriba en formas de procomún fabricado? ¿Quiénes están formando ciudadanía para ello, en un mundo en el que claramente prevalece el individualismo, la competencia y la meritocracia? ¿Puede instituirse la educación como bien común, cuando esta debe surgir de la convicción y el compromiso de los actores de una comunidad? ¿Quién está en este momento sembrando ciudadanía dispuesta a asumir la gestión de los bienes comunes?

Al respecto copio la reflexión de Boiler (2016) regalada en una entrevista, también reseñada en OVE:

“Cuando los comunes están patrocinados por las instituciones, no pueden disfrutar de ese mismo espíritu de dedicación, propiedad y creación mutua que surge desde abajo. En tal sentido, siempre serán objetos dentro de una obra ajena con directores externos, en vez de ser la expresión de un brote creativo surgido de las propias personas para satisfacer sus intereses, necesidades y vida interior” (s/p)

En ese sentido, tomar en cuenta que la acción colectiva no es una constante dada por principio en las interacciones sociales, implica necesariamente crear, más bien retomar, una cultura para la gestión exitosa de los bienes comunes, lo que conlleva invertir tiempo para el desarrollo a escala global y en todos los niveles, de las habilidades necesarias que nos permitan participar en empresas sociales colectivas. Construir visiones comunes sobre los bienes recursos colectivos, lograr acuerdos sobre reglas claves de cooperación, confiar en el compromiso y la voluntad de los otros, tener certeza de que todas y todos los involucrados asumirán las restricciones y los esfuerzos que implica el cumplimiento y el monitoreo de los acuerdos, y constatar que los bienes comunes y su “productividad” se mantienen, son habilidades primordiales para este gran paso, habilidades que por cierto no forman parte de aquellas cuya medición en pruebas estandarizadas califican si un sistema educativo es de buena calidad o no.

Saltar a la gestión de la educación como bien común, sin prepararnos y tener conciencia crítica para ello, es ir desnudos a un dialogo con instancias que seguirán apostando al fracaso de la educación pública y sin duda al fracaso de la educación como bien común. En ello el lugar del Estado, inevitablemente no puede ni debe verse disminuido. Sobre esa premisa la apuesta a la asunción de la cultura del bien común en el ámbito educativo, es necesario posicionarla como una apuesta a considerar a la Educación como un bien común de interés público del estado, lo que implica que por su naturaleza es res communis ómnium, y res extra comercium, una cosa o bien común de todos y todas no susceptible de apropiación individual, reconocimientos que contaría con el interés deliberado y público del Estado y su compromiso, como instancia prioritaria, para garantizar los compromisos que requieren la asunción de la Educación como bien común, su acceso y la creación y cumplimiento consensuado de su regulación.

Desde algunos caminos transitados 11 para ello, y asumiendo también como mías las palabras de Silke Helfrich y Jörg Haas referidas a que la capacidad de desarrollo de la sociedad, depende de manera decisiva de su aptitud para resolver el desafío de hacer justicia respecto a los criterios de equidad de acceso y uso de nuestra herencia común. Por ello, pensar en la educación como bien común es pensar en la capacidad de nuestras sociedades a escala global para el dialogo concertado y la aceptación y validez de la paridad de voces de maestros y padres con los creadores de las políticas educativas a la hora de asumir posicionamiento ante la ola privatizadora de la educación pública nivel mundial y de incidir para decidir de qué se quiere hablar al referirnos a la calidad educativa.

También es pensar en cómo otorgar la cualidad de bien común a la Educación, ayuda a enfrentar lo que Otras Voces en Educación ha reseñando en múltiples noticias y artículos pubicados en apenas cuatro meses de trabajo, sobre las resistencias de educadores del mundo ante el apagón pedagógico global y la instrumentalización del conocimiento a favor del mercado12, los posicionamientos críticos de Maestros ante el modelo de evaluación de desempeño docentes instituido en México13, la negativa de miles de padres en España, Reino Unido y en EEUU a la aplicación de pruebas estandarizadas a sus hijos y el trato meritocrático y discriminizador de sus escuelas14, en el movimiento ciudadano en torno al avance de la privatización de la educación pública en África a través de las escuelas Bridges, o en Perú e India ante la escalada de las escuelas de bajo costo que cada día son más en esos países15.

Para ello, sumo a mi convicción las palabras de Helfrich y Haas (2009):

“Partimos del supuesto de que la capacidad de desarrollo de la sociedad, de toda sociedad, depende de manera decisiva de su capacidad de resolver el desafío de hacer justicia a los criterios de equidad de acceso, participación activa en los commons y sustentabilidad ecológica y social. El debate en torno a la responsabilidad por nuestros recursos colectivos, por lo tanto, es también un debate sobre cómo está constituida nuestra sociedad” (p.143)

…A lo que yo le añadiría que también es un debate sobre el estado de salud de la misma, hoy día y en las mañanas por venir.

Bibliografía:

Ariel Hernán Vercelli (2009). ‘Repensando los bienes intelectuales comunes: análisis socio técnico sobre el proceso de co-construcción entre las regulaciones de derecho de autor y derecho de copia y las tecnologías digitales para su gestión’.

Bollier, David et al. 2009. “The Future of the Commons.” [Notes from a retreat at Crottorf Castle near Cologne, Germany, on June 25-27, 2009].

Blin, A. y Marin, G. (2012). Los comunes y la gobernanza Mundial. Hacia un contrato social mundial, consultable en [www.gober nanza-mundial.org].

Bollier, David. (2008) “The Commons as a New Sector of Value Creation.” Kosmos Journal Fall/Winter 2008, Vol. VIII, No. 1.

Boyle, J. (2008).The Public Domain: Enclosing the Commons of the Mind. Estados Unidos de Norteamérica: Caraban Books.

Fagiolo, Mario (2012) “El conocimiento como bien común” Revista Venezolana de Economía Social Año 12, Nº 23, Enero-Junio 2012. ISSN 1317-5734.ISSN Elect. 2244-8446Universidad de los Andes (ULA) NURR – Trujillo. CIRIEC – Venezuela

Hardin, G. (1968). The Tragedy of the Commons. Disponible enhttp://www.sciencemag.org/cgi/ content/full/162/3859/1243. Publicado originariamente enScience 13 December 1968:Vol. 162. no. 3859, pp. 1243 – 1248 DOI: 10.1126/science.162.3859.1243.

Hess, Charlotte. (2008). “Mapping the New Commons.” 12th Biennial Conference of the International Association for the Study of the Commons

Helfrich, Silke and Haas, Jörg. (2009). “The Commons: A New Narrative for Our Times.” Heinrich Boell Foundation.

Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Unesco (2015). Replantear la educación: ¿Hacia un bien común mundial?París (Francia): Unesco. ISBN 978-92-3-300018-6

Ostrom, Elinor (2005). Understanding Institutional Diversity. Princeton University Press.

Rubinstein, J., C. (2005).¡Viva el Común! La construcción de la protosociedad civil y la estructura política castellana en el bajo medioevo. Buenos Aires: Prometeo Libros.

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Vercelli, Ariel (2009) Repensando los bienes intelectuales comunes –análisis socio-técnico sobre el proceso de co-construcción entre las regulaciones de derecho de autor y derecho de copia y las tecnologías digitales para su gestión. Tesis de Doctorado con mención en Ciencias Sociales y Humanas. Universidad Nacional de Quilmes. ISBN: 978-987-05-6304-4. Descargada del sitio:www.arielvercelli.org/rlbic.pdf

Notas para entreleer

1 La visión transgeneracional implica que se debe tener a) la responsabilidad de aprovechar los recursos y el ambiente si que se afecten las capacidades y posibilidades de uso por parte de las generaciones futuras, b) el compromiso de no generar impactos que constituyan pasivos transgeneracionales y afecten la capacidad productiva y de sobrevivencia de las generaciones futuras, c) la responsabilidad de capacitar, sensibilizar y empoderar a las generaciones más próximas (los hijos básicamente) respecto a las responsabilidades que les tocara asumir consigo mismos y con las generaciones posteriores a ellos

2 La versión de Hardin sobre los commons ingleses aborda la destrucción de los bienes, pasando por alto la tragedia de las comunidades. Hardin sostiene su propuesta utilizando la metáfora de un hipotético pasto utilizado colectivamente por varios pastores y, por ello, deteriorado, suponiendo que el interés particular de todos ellos no es otro que el de incrementar de manera constante el número de ovejas que cada uno lleva al prado, para maximizar así las ganancias que el uso del recurso común genera a cada uno de ellos. Sin embargo, este comportamiento y las ganancias obtenidas se enfrentan con límites ineludibles, ya que el aumento del uso y de la presión sobre el recurso conduce inevitablemente a su destrucción. refutar la parábola de Garrett Hardin sobre la «tragedia de los comunes». Para combatir la gestión pública de los recursos públicos, los conservadores, partidarios del mantenimiento de los derechos de propiedad, han esgrimido el análisis y la poderosa metáfora de Hardin, según la cual es probable que los bienes comunes que no se rigen por derechos de propiedad individuales acaben en la sobreexplotación y ruina del recurso.

3 Para conocer sobre este tema recomendamos la lectura de dos textos reseñados en Otras Voces en Educación (OVE): El conocimiento: dimensión estratégica para el capitalismo cognitivo de Marx Gómez y Capitalismo Cognitivo, otro argumento para reinventarse o morir de Laura Rosillo Cascante

4 La estadística que sustenta esta afirmación es tomada de los datos publicados al respecto por ROARMAP que es el directorio internacional sobre políticas institucionales de Acceso Abierto (AA) que son adoptadas por las universidades, instituciones de investigación y financiación, e inclusive países. En la actualidad este observatorio creado en el 2003 por la Universidad de Southampton alberga para el segundo trimestre del 2014, quinientos tres mandatos a nivel mundial, a diferencia del 2013 en el que reportó doscientos (200) mandatos menos. Estos datos pueden verse en http://roarmap.eprints.org/

5 En el lenguaje de Ostrom: “recursos de uso comun” (RUC) son “un sistema de recursos naturales o hechos por el hombre, que es bastante grande como para hacer costoso (pero no imposible) excluir a potenciales usuarios de su uso”, Ostrom, op. cit., p. 66. Sus atributos definitorios son la substracción o rivalidad y la no exclusividad o exclusión costosa. Entre ellos estudió las pesquerías, pastizales, sistemas de irrigación, bosques comunales, lagos y cuencas subterráneas a nivel local, véase Ostrom, The Logic…, cit., p. 58.

6 Para conocer sobre los dilemas estudiados alrededor de la gestión de los Bienes Comunes, recomiendo leer el texto “Dilemas de lo colectivo Instituciones, pobreza y cooperación en el manejo local de los recursos de uso común” de Juan Camilo Cárdenas, quien no solo los explica sino que los ejemplifica los mismos con experiencias reales sobre gestión de recursos naturales.

7 Mario FAGIOLO (2012) “El conocimiento como bien común” Revista Venezolana de Economía Social Año 12, Nº 23, Enero-Junio 2012. ISSN 1317-5734.ISSN Elect. 2244-8446Universidad de los Andes (ULA) NURR – Trujillo. CIRIEC – Venezuela

8 Elinor Ostrom y Charlotte Hess (2009) nos proporcionan un listado de condiciones adecuadas o principios constitutivos de las “instituciones de bienes comunes”que – en el curso de los numerosos estudios empíricos que se realizaron – resultaron ser: sólidas y sostenibles, veamos. • Una clara definición de las posibilidades y de los límites. • Las normas utilizadas deben ser adecuadas a las exigencias y a las condiciones locales.• Todas las personas, que deben respetar esas normas, pueden participar en la definición y redefinición de las mismas.• El derecho de la comunidad, para establecer sus propias reglas, es respetado por las autoridades externas: principio de autonomía.• La existencia de sistemas de autocontrol de la organización para monitorear el comportamiento de los integrantes.• Los sistemas de sanciones, están diseñados para su aplicación progresiva.• Los miembros de la comunidad cuentan con el apoyo de mecanismos, para solucionar conflictos, a bajo costo.• La estructura de las organizaciones co-evoluciona desde los modelos mecánicos de ayer hacia los modelos orgánicos de hoy; promoviendo arquitecturas anidadas

9 La privatización por defecto no es otra cosa que una forma de privatización que no es producida directamente por políticas explícitas de privatización, sino que es una privatización que surge por demanda y por un proceso más de abajo hacia arriba, impulsado por una percepción negativa muy extendida respecto a la calidad de la educación pública. Ver un caso de privatización por defecto en: http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/87147

10 Los Comunes y la Gobernanza Mundial . Hacia un contrato social Mundial. Arnaud Blin Gustavo Marin Abril 2012.

11 El planteamiento del conocimiento como bien común de interés público lo  propusimos en Venezuela en el proyecto de Ley de difusión libre y acceso abierto al conocimiento elaborado por activistas entre el 2014 y 2015, como instrumento legal en el que se reconociera en el conocimiento la cualidad de res extra comercium, lo que lo hace susceptible de tener protagonismo en el mundo de los negocios y/o del comercio, y la de res communis ómnium, que le atribuye connotaciones de propiedad común. Si bien, no alcanzamos a la promulgación del proyecto de ley antes mencionado, la idea de los bienes comunes de interés público logramos posicionarla en la Ley de Semillas aprobada en Diciembre de 2016, en la cual se distingue a la semilla como bien común de interés público cultural y natural, material e inmaterial de los pueblos.

12 Ver artículos sobre el tema : http://otrasvoceseneducacion.org/?s=apag%C3%B3n+pedagogico+global&submit=Buscar

13 Ver artículos y noticias sobre el tema en: http://otrasvoceseneducacion.org/?s=resistencia+magisterial&submit=Buscar

14 Ver noticias sobre el tema en:http://otrasvoceseneducacion.org/?s=apag%C3%B3n+pedagogico+global&submit=Buscarhttp://otrasvoceseneducacion.org/archivos/80508

15 Ver textos sobre el tema en:http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/87147,http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/2178, http://otrasvoceseneducacion.org/archivos/94912

¿Es necesario certificar el Software Libre?

El escrito que está a continuación es producto de una invitación hecha, en el 2013, por @mapologo a pensar el tema de las Certificaciones de Software para aplicativos libres.

La salvedad del año es importante. Para nosotros supuso un trabajo que esperábamos pudiera servir a un emprendimiento en el que estuvimos y ya no estamos. Sin embargo, el tiempo en que este escrito fuera de interés para más gente, recién llegó ahora pese a que, debo decirlo, aunque nos ratificamos en lo que allí dijimos, pensamos que es buen momento para actualizarlo.

Mientras la actualización de ese texto llega, adjuntamos aquí el trabajo que hicimos entonces. Esperamos que sea de utilidad y, obvio, estamos abiertos a comentarios, sugerencias y opiniones, por aquí mismo o por @petrizzo y @mapologo en twitter.

Certificaciones para el Software Libre de Fuentes Abiertas

La ética del consumo (sobre el Capitalismo Cognitivo Cultural)

Argumentos de Slavoj Zizek desarrollando su teoría sobre la “Cofee Ethics”

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